viernes, 25 de abril de 2008

Mandarina

Empiezan a aparecer las primeras mandarinas y con ellas muchas cosas reviven. Se asoman por mi mente los recuerdos de cuando era niña y mi abuela me enseñaba a hacer las gallinitas bajo el tibio sol de otoño (cuento que alguna vez escribí y fue parte de mi presentación de Bachillerato de Inglés del año pasado). Disfruto sentarme bajo esos rayos que dan calor pero no queman, que aumentan la temperatura corporal y me cargan de energía para luego enfrentar el cruel y frío invierno. Y andar con olor a mandarina en las manos, y ver cómo las pequeñas partículas de jugo saltan al aire y se iluminan por los rayos del sol al ser peladas… Y verlo a él concentrado, clavando el dedo para empezar a pelarla. Verlo comer con tantas ganas, con sus dientes separados lograr morder las tajadas, el jugo que se le chorrea por las manos, por los brazos, por los labios… y cada tanto verlo cerrar los ojitos con fuerza porque una gota ácida saltó hacia ellos…
Y disfrutar, y reírme en mi interior mientras le saco fotos.

2 comentarios:

Javi dijo...

Esa foto está muy bien!!

=`.´= dijo...

Sigo encontrandome en tus palabras... a casi dos años de intercambiar ideas con vos, aunque con menos asiduidad que antes, me sigo sorprendiendo cuando me encuentro entre tus pensamientos, tus frases, tus cosas. Y no solo me refiero a esto que leo de las mandarinas, me refiero a casi la totalidad de las últimas entradas que escribiste.

Y me causa varias sensaciones encontrada, porque de un tiempo a hoy, siento que ya no soy la que era cuando te conocí, pero sin embargo me sigo identificando con lo que expresas de mil maneras. Es como volver atrás o encontrarse con un pariente lejano, yo misma.

Es raro, pero poder transmitir tantas sensaciones es un don. Tuyo.

Te admiro. Lo admito.

Besote.