jueves, 30 de diciembre de 2010

Despedida

En silencio, con el gusto de la última tarta de coco entre mis labios, el aroma del pollo de todas las navidades, el abrazo con el que te envolví toda, un sobrecito con mi nombre, tu voz y varias lágrimas, me despido y te agradezco por estos enormes casi 21 años a mi lado. Mi abuelita. Para siempre.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Me roban (fragmentos)

Te escribo para acompañar tantas miradas tristes que no tienen fin; para contarte de tanto vaivén que me estruja el alma y me la suelta de a ratos. Te escribo para alivianar un poquito mi espalda; para desmoronarme una vez más; para llorarte un rato. Te escribo porque así tal vez sea un poquito, un poquititio más fácil. [...]

Te me escapás. Y cada vez te vas más lejos. Y cada vez demoro más en atraparte al regreso. Y necesito más fuerza. Intento... hace tanto que lo intento... pero mi fuerza ha llegado a un límite. Y no aguanto más. Y me desmorono a cada rato. Y ya no me importa si es al frente tuyo. Ya no sé cómo controlarme. [...]

Nos quitan las tardes y los soles. Los desvelos y las bicis. Las estrellas y las letras. Sólo nos llenan de ausencias, de silencios, de vacíos, angustias y lágrimas. Me quitan el tiempo y el aire. Y quedo tan vacía... [...]

Te escribo para que sepas, para que entiendas, para contarte lo que me atraviesa el alma a cada rato. Te escribo para que me abraces más fuerte, para que me susurres al oído, para que me mires. Si es que así lo sentís. Te escribo para sentirte un poquito más acá.

sábado, 11 de diciembre de 2010

All you have to do...

Listen. Can you hear it? The music. I can hear it everywhere. 
In the wind... in the air... in the light. It's all around us. 
All you have to do is open yourself up. 
All you have to do... is listen.

[Escucha. ¿Puedes oírla? La música. La puedo oír en todos lados. 
En el viento... en el aire... en la luz. Está todo alrededor nuestro. 
Lo único que tienes que hacer es abrir tu mente. 
Lo único que tienes que hacer... es escuchar.]

Tx: August Rush, August Rush | Ph:imdb.com | Edición: Valebé

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sábanas brasileras

¿Qué onda las sábanas brasileras? Mucha calidad, sí, sí, pero son cuadradas. No tienen largo ni ancho. Como sea que las pongás es lo mismo, siempre terminás tapándote, o la cabeza, o los pies, y a tus costados llega hasta el piso de ambos lados. Encima las fundas de almohadas son dos chiquitas, en vez de una grande, como sería lo más normal. No hay caso, si dormís con sábanas brasileras, siempre vas a terminar con la unión de las dos fundas de almohada en el medio del cachete, levantándote con una raya que te atraviesa toda la cara, con los pies al aire (cosa que no tolero) y las sábanas hechas un solo bollo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Imborrable

There’s just too much that time cannot erase.

[Simplemente hay demasiado que el tiempo no puede borrar.]

Tx: Amy Lee, My Inmortal | Ph: google.com | Edición: Valebé

lunes, 15 de noviembre de 2010

Entrega

Quiero darte el calor de la profundidad de mi mirada.
Y que tus ojos no se cierren, para que la acojas.

Quiero darte el brillo de cada agujerito en mi sonrisa.
Y que se encienda la tuya, para que no se sienta sola.

Quiero darte la inmensidad de mi abrazo.
Y que sea doblemente inmenso junto al tuyo.

Quiero darte todos los compartimentos de mi corazón.
Y saber que nunca vas a intentar dañarlos.

Quiero darte todo lo que soy y lo que siento.
Y saber que sentís lo mismo, y saber que somos uno.

Quiero darte mi vida entera.
Y que la cuides. A capa y espada la defiendas.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Enredos de palabras

Cuando hablo se me atolondran las palabras. Se amontonan todas en mi boca y se pelean por quién sale antes. Empujan, y con tal de salir, salen incompletas, aún cuando todavía no estaban listas para el mundo. Muchas quedan dentro y muchas terminan enredadas.

En cambio, cuando escribo, tienen más coherencia, salen un poco más en fila y tono. Ninguna se apura porque sabe que siempre hay lugar para ella. Tienen ritmo y se hacen entender. Un poco más.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Papeles papeludos

¿Qué onda con la gente que tira papeles en el piso? Me sacan, ¡me sacan de las casillas! ¿Tan difícil es meterse el papelito en el bolsillo algunos metros, hasta que lleguen al basurero? ¿Tanto esfuerzo es dejar el papelito dentro del auto hasta que lleguen a sus casas y lo tiren en sus tachos?

No suelo tener este tipo de pensamientos, pero cuando vi que esa nena (que me había enternecido segundos antes) tiró el chicle en el piso del colectivo, le rogué a los astros que se le pegue debajo de su propio zapato, y se le derrita y se le pegotee entero, y le cueste muchísimo trabajo sacarlo después. Pero no; tuvo que pegársele al pobre viejo que se sentó en su asiento después.

Tiren su basura en el piso de su propia casa, peguensé los chicles en sus propios zapatos, pongansé el envase de yogurt de sombrero y coloquen el envoltorio de alfajor donde les quepa, pero no en la vía pública, que después todos tenemos que pisar e ir esquivando. Y no me vengan con que sino los barrenderos no tendrían trabajo; siempre hay hojas de árboles y ramitas secas que barrer. ¿No sería mucho más lindo que sólo con ellas nos tropecemos?

domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Quién está más loco?

Yo soy más racional que ustedes. Respondo racionalmente a los estímulos. Si alguien sufre, lo consuelo. Alguien me pide ayuda, se la doy. ¿Por qué entonces usted cree que estoy loco? Si alguien me mira, lo miro. Alguien me habla, lo escucho. Ustedes se han ido volviendo locos de a poco por no reconocer estos estímulos. Simplemente por haber ido ignorándolos. Alguien se muere, y ustedes lo dejan morir. Alguien pide ayuda, y ustedes miran para otro lado. Alguien tiene hambre y ustedes dilapidan lo que tienen. Alguien se muere de tristeza, y ustedes lo encierran para no verlo.

Tx: Rantés, Hombre mirando al sudeste | Ph: google.com | Edición: Valebé

Please come back II

Te extraño, ¿sabías?

Hace varios días ya que las agujas de todos los relojes juegan a la mancha congelada y el sol y la luna se pelean por quién demora más en aparecer. Los días se hacen eternos, y el tiempo no me sirve de nada si no lo puedo pasar con vos. ¿Para qué quiero tantos minutos ahora si ni uno va a ser de tu mano?

Me acuesto temprano para que la noche pase rápido y llegue un nuevo día. Pero a las cuatro de la mañana me caigo del sueño y me doy cuenta que sigo en mi cama, que todavía es de noche y que todavía me resta seguir esperando.

Quiero robarte de donde estés y llevarte conmigo. Lejos, muy lejos. Tan lejos que nadie nos va a encontrar, nadie nos va a molestar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Aprendiendo a sentirte

Te siento aquí. Y es tan simple como eso. Te siento a cada paso que doy, en cada sonrisa que dibujo, en cada minuto que desemboca en vos. Ojalá desembocaran en tu boca... Hoy sólo puedo sentirte, a la distancia. Y lo hago. Creeme que estás acá mismo. Siento tu mirada de reojo siempre desde algún rincón cercano. Siento que me observás, entonces me relajo y sonrío. Es a vos a quien sonrío porque sé que en alguna paloma de tu plaza, o tero de mi casa, esa sonrisa viaja. Tal vez en alguna peatonal transitada de caras largas, alguien te cruza y te sonríe. Esa... esa soy yo. Y sé que a tantos kilómetros de distancia, ya aprendiste a encontrarme. Te sonrío en la viejita de la mano arrugada. En el señor del bastón blanco que sube al colectivo sin pedir ayuda. En la nena de ojos verdes que tiene la cara llena de helado de frutilla. Y sé que me encontrás porque después yo te encuentro en la melodía que todavía no conocés, en las palabras que me están creando y no te imaginás de qué forma. Te siento respirar sobre mi hombro. Un par de ojos suspendidos entre tanta multitud me dejan completamente segura de que estás, de que no te fuiste del todo. Que vas a volver. Y que no será en vano tanta espera.

Astros

Invitame a ver la luna desde tu ventana, a tocar el cielo con nuestras manos, a reír como el sol, hasta llover en los ojos sobre las más enormes sonrisas.

sábado, 30 de octubre de 2010

Calíope

Para ellas, para mí, para todos los que así hemos sentido.
Gracias, Calíope, son geniales.

Se han abierto enormes los ojos junto con la primera bocanada de aire que se inhala. Se han entrecerrado aun fijos, y se han llenado de ternura. Más de una piel se ha erizado, y algún cuerpo sé que ha temblado.

Las palabras en burbujas transparentes han salido a borbotones. Livianas, volaron sobre las cabezas multiplicándose con un golpecito en la punta de alguna nariz. La nena que empieza a comprender lo que oye, ha explotado una que otra con la punta de su dedo índice. Brillaron enormes abriéndose paso entre barriletes y avioncitos de papel. Frases enteras se elevaron intactas. Se desintegraron en lo alto. Volvieron a formarse en el rincón izquierdo. Crearon nuevas frases en el derecho. Algunas palabritas solas volaron en busca de su libertad. Se escaparon por todos los huecos, inundaron cabezas, penetraron hondo, y detonaron las más bellas emociones. Algunas clavaron sus suaves puñales entre las entrañas, pero a la vez nos acariciaron. Nos sanaron. Nos explotaron. Nos remendaron. Nos sacudieron. Nos renovaron. Nos inventaron.

Voces nacidas en el nido de algún pájaro azul llenaron la sala de plumas blancas y brillantina plateada. Voces limpias, exigentes, mimadas y mimosas. Voces buscando un más allá entre tantas sonrisas cosechadas. Acordes y voces entrelazadas mezclándose con las más puras palabras flotando en el ambiente. Escondiéndose dentro de una guitarra, de pie en la popa de un barquito de papel. Del preferido, de aquel en el más alto y sonoro mástil.

Más de un corazón se ha acelerado junto con el bongó, y varias almas se han inundado mientras el mismo sol evaporaba toda la tristeza que sin querer derramó. Las manitos se nos han calentado y el pecho ha suspirado al ritmo del punteo de seis incansables cuerdas. Más de un par de manos volaron por los aires tratando de atrapar la mayor cantidad de burbujas, de palabras, de notas. Varias son las historias que se tejieron y las sonrisas que se han desbordado sin poder evitarse. Varios somos los que al volver, garabatearemos algunas palabras, rasguearemos una guitarra, o apoyaremos el pincel sobre algún papel. Y muchos más los que estaremos esperando el nuevo encuentro. Compartiendo lo que hacemos y nos gusta hacer. Compartiéndonos siempre.

viernes, 29 de octubre de 2010

Walt's dream

All your dreams can come true 
if you have the courage to pursue them.

[Todos tus sueños pueden hacerse realidad 
si tienes el coraje de perseguirlos.]

Tx: Walt Disney | Ph: google.com | Edición: Valebé

viernes, 22 de octubre de 2010

Cosa de gatos

«Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo.»
Osvaldo Soriano


No voy a explayarme mucho en el tema. Los gatos me fascinan. Me pierdo largos minutos en sus miradas, muchas veces tanto más profundas que algunas humanas. Son hermosos, son suaves, son independientes, son seguros, saben, conocen, observan en silencio. Están rodeados de una espiritualidad que no tiene ninguna otra mascota. Me enloquecen, me hipnotizan, me enamoran.

Éste es el mío, Mateo:


Éste es el de Ernest Hemingway, Snowball:
«- Al gato no le pasará nada, estoy seguro. No hay por qué inquietarse por un gato. Pero a lo demás, ¿qué cree que les pasará a los demás?
[...]
No se podía hacer nada por él. Era domingo de Pascua y los fascistas avanzaban hacia el Ebro. Era un día gris y las nubes iban bajas, por lo que sus aviones no volaban. Eso, y que los gatos supieran cuidarse solos, era toda la buena suerte que tendría aquel hombre.»
El viejo en el puente
Del libro: Cuentos
Ernest Hemingway


Éste el de Julio Cortázar, Teodoro W. Adorno:
«Cazenueve es un pequeño pueblo en las colinas que enfrentan la cadena del Luberon, y cuando sopla el mistral que pule el aire y sus imágenes, me gusta mirarlo desde mi casa de Saignon e imaginar que todos los habitantes están cruzando los dedos de la mano izquierda o poniéndose un bonete de lana violeta, sobre todo anoche cuando esa extraordinaria nube Magriette me obligó no solamente a interrumpir el encarcelamiento del obispo sino el placer de revolcarme en el pasto con Teodoro, que es una actividad que los dos valoramos por encima de casi cualquiera cosa.»
Verano en las colinas
Del libro: La vuelta al día en ochenta mundos
Julio Cortázar



Y éste el de Herman Hesse:
«- ¿«Qué es eso de «justo»? ¿Qué quieres decir con eso?
- Bueno, observa un animal cualquiera: un gato, un pájaro, o uno de los hermosos ejemplares en el Parque Zoológico: un puma o una jirafa. Verás que todos son justos, que ni siquiera un solo animal está violento o no sabe lo que ha de hacer y cómo ha de conducirse. No quieren adularte, no pretenden imponérsete. No hay comedia. Son como son, como la piedra y las flores o como las estrellas en el cielo. ¿Me comprendes?»
Anotaciones de Harry Haler
Del libro: El lobo estepario
Herman Hesse

Mis tres escritores favoritos tenían esta misma fascinación que yo tengo.

Confianza

A veces se me hace tan difícil lograr la confianza.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Caída

El mundo se me ha caído al suelo y no sé cómo volver a levantarlo. Ahora que está todo tirado me di cuenta que he ido apilando cosas en cualquier orden, sin colocar lo más grande debajo y lo más pequeño encima. Sólo faltaba una cosa para romper el equilibrio y dejar todo caer. No tuve reflejos suficientes para agarrar nada en plena caída. Todo está ahora en el suelo. Y no voy a levantar todo junto para armar otra pila irregular e inestable. Voy a tomarme mi tiempo, pero voy a elegir de a uno los objetos, primero los más grandes y pesados, luego los medianos, y por último aquellos pequeños, que no demandan tanto apuro. De a poco, con tiempo y fuerza, voy a armar y ordenar toda esta pila de cosas que hoy se encuentra en el suelo. Y será más fuerte y resistente que nunca.

lunes, 18 de octubre de 2010

Esperando

Creo que estoy esperando demasiado. Esperar de desear, anhelar, imaginar lo que vendrá. Desde hoy, no voy a esperar más nada (o voy a intentar no hacerlo). Hoy voy a empezar de nuevo. Es que en algún momento... me diste demasiado. Pero a todo eso, voy a intentar no recordarlo con tanta frecuencia.

domingo, 17 de octubre de 2010

Mamá

En el día de la madre le dedico la entrada a mi mamá 
y a estas otras dos mujeres fantásticas, 
que fueron dos madres más para mí.
Gracias por tanto.

viernes, 15 de octubre de 2010

Para encontrarnos

«Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo 
que andábamos para encontrarnos.»
Julio Cortázar


Julio Cortázar, por Sara Facio.
Esta mujer realmente supo hacerme sonreír, suspirar, despertar y elevarme.
Me hizo volver, y volver a volver cuantas veces quiso.


No lo busqué, nunca lo hice, ni siquiera cuando sabía ya de su existencia y según comentaban, grandeza. Cayó cerca de mi universo y de repente, mientras yo caminaba, me topé con su mano. La observé con ansias, la toqué con miedo y la acaricié con gusto, cada vez con un poquito más de confianza. La conocí, pero cada vez que volví a tocarla o a mirarla la encontraba distinta, nueva, pero siempre sabiendo que era suya, que era la misma mano que empecé a adorar, que quise llevar a todos lados conmigo. En ella pude ver la inmensidad y a la vez simplicidad del universo. Del suyo y del mío. La de nuestros universos que, aun tan lejos, en algo se parecían.

Y esta vez tampoco lo busqué. Sabía que estaba cerca, pero no quise ir a su encuentro. No directamente, y mucho menos con tanta prisa. Tenía que planearlo, que prepararme con anticipación. Pero al entrar a esa blanca habitación en busca de otro cuerpo y otra mirada, tuve que toparme con sus ojos. Sus ojos, los de siempre, pero tan distintos.

El mundo se paró, de eso estoy segura. Todo se detuvo por unos segundos, todo. Luego pestañeé y el corazón se me aceleró de repente. Con una entrecortada respiración y con la boca a medio abrir, decidí acercarme. Lo hice lentamente, para no asustarlo. Me detuve a una distancia considerable. Podía observarlo a la perfección desde donde sea. Brillaba. Y él me seguía atento con su mirada.

Sus ojos oscuros estaban fijos en mí. La misma mirada, su mirada, pero con un brillo nuevo. El brillo de su pureza. Ese par de ojos que observan más que cualquiera. Y estaban fijos en mí. Sólo en mí. Una mirada profunda y penetrante me estudiaba; entre dulzura y ternura me acariciaba, y se entregaba altivo. Casi me agradecía, no sé por qué, si en realidad yo soy quien le debe un agradecimiento. O más de uno. Espero habérselo transmitido al mirarlo. Sí, estoy segura que lo interpretó. Sus ojos lo decían. Lo reflejaban. A esa intensa mirada la acompañaban sus labios cerrándose sobre un cigarrillo, nociva costumbre, tal vez inspiradora; pero vicio que nunca me gustó. Y sólo a él se lo he permitido... sólo en él no me ha generado la típica repulsión o decepción que me invade.

Sus labios tensos sosteniendo ese cigarrillo. Casi en una sonrisa, casi derrumbándose. En el punto perfecto de tensión y equilibrio. Su ceño levemente fruncido en ese gesto de seriedad e inteligencia. De sabiduría y soltura. De libertad. Y sus cabellos peinados, ondeados, sueltos. Su sensibilidad en cada pelo que se balancea al lado del otro, y más todavía en aquel que se sale de la fila y refleja el sol.

Siendo sincera, esta vez me quedé con ganas de oír su voz. Ese grave y seductor timbre recitando palabras traídas desde lo más hondo del sentimiento, de la literatura y de la emoción. Alguna vez supo susurrarme al oído mágicas históricas. Ya no lo hace y hoy no lo hizo. Algún día volveré a oírlo, cuando de nuevo nos encontremos, seguramente sin habernos buscado.

Por ahora me quedo con su rostro frente al mío. Porque sé que nadie sabe cómo nos hemos mirado. Nadie imagina lo que hemos sentido y dicho con esa mirada. Nadie conoce el brillo en sus ojos que yo conocí. Y sé que a nadie más va a mirar como a mí me ha mirado.

viernes, 8 de octubre de 2010

Conformista

Hoy puedo conformarme sólo con ver de reojo tu silueta a contraluz. Saber que sos vos, intuir que te escondés detrás de la piel que tanto he deseado. Puedo conformarme con una ínfima ráfaga de tu olor, de ese aroma tan tuyo que sólo puedo encontrar de a retazos en mi memoria, pero cada vez es más difícil recrear. Se escapa de mi mente, se escapa de mis manos. Te me escapás de todos lados.

Puedo conformarme con acariciarte sólo el dedo índice. Que de las enormes extensiones de suaves pieles que te cubren, sólo me prestes tan pocos centímetros donde sienta tu calor, donde vea tu color. Es que sólo necesito saber que seguís ahí. Que estás. Que existís. Te busco hasta el punto en que yo me pierdo. Y no sé detenerme. Y ya no sé cómo volver, ni dónde dejé mi ancla, o dónde el camino de migas de pan.

Me conformo con la cuarta parte de tu desordenado iris color avellana; que tal vez lo acompañe un par de pestañas para que me devuelvan algo de mí, para que me muestren que sigo ahí. Es que no puedo, no puedo verte y no acercarme. No puedo sentirte y no rozarte. No puedo no sentir las ganas de besarte, de estrecharte contra mi pecho. De hundirte entre mis brazos. No puedo matar lo que siento, ni puedo darle forma. Pero siento. Y siento tanto, que no te das una idea.

Hoy me conformo con mirar, sólo mirar desde lejos tu abdomen, o una pequeña parte de él. La que vos quieras. Prometo no acercarme.

También puedo conformarme con que sólo me dejes colocar mi mano sobre tu hombro, para así percibir cada movimiento y vibración de tus huesos. Aunque se muevan hacia el lado contrario en el que yo me encuentre. Aunque tu brazo esta vez no me busque.

Me conformo sólo con el perfil de tu nariz; por sólo un segundo, si es todo lo que tenés, o todo lo que merezco. Dame con el gustito de saciar esta necesidad con tanta intensidad.

Hoy puedo conformarme con lo que sea. Con lo que quieras darme o compartir. Con lo que a vos te sobre, que a mí tanta falta me hace. Lo que a vos no te guste, que a mí sé que me va a alcanzar. Con una pequeñísima gota de tu alma, un milímetro de tu cuerpo, un segundo de tu tiempo, o una pizca de tu (nuestra) existencia. Sólo eso.

jueves, 7 de octubre de 2010

Calma y deseo

Hoy me siento llena de fuerzas. El corazón se me acelera y la respiración se me entrecorta. Te siento cerca. ¿Vendrás?

Hoy me siento tranquila. Aun sin rumbo, las cosas se encaminan de a poco y se asientan. Puedo verte. ¿Volverás?

Hoy me siento satisfecha. El aire frío llega hasta mis pulmones y mi estómago. Puedo ser enorme como cuando con vos. ¿Estarás?

Hoy me siento feliz. Una palabra genera la más intensa sonrisa y un roce explota lágrimas. Puedo sentirte. ¿Existirás?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Quisiera ser viento

Quisiera ser viento para recorrer enormes distancias a grandes velocidades. Volar sobre todos los relieves, contemplar todos los paisajes. Al toparme con una montaña, ascender; al enojarme, chocar contra paredes; y al enamorarme, presumirte despeinándote con una suave brisa.

Quisiera envolverte al atardecer en una playa, impulsar barcas y peinar árboles a mi antojo. Erosionar montañas con admirables formas y acariciar las plumas de los pájaros. Ser viento frío y también brisa cálida. Acudir cuando me llamen, y también hacerme desear.

Quisiera elevar granos de arena hasta ondear la superficie de las dunas, y desviar del trayecto vertical a cada gota de lluvia. Hacer que duelan sobre algunos cuerpos, y que los niños abran sus bocas enormes mirando al cielo.

Quisiera despeinar las superficies de todos los lagos del mundo y dibujar con las hojas caídas en el otoño.

Quisiera ser el viento que te quite algún papel de los dedos para que lo persigas mientras te divierto un rato, o levantar la pollera de alguna Marilyn moderna o la corbata de un serio y de alto cargo señor empresario.

Quisiera ser viento para robarme algunos globos de colores y elevar cometas. Coleccionarlas y catalogarlas por sus formas y colores. Quisiera dirigir parapentes.

Quisiera ser el viento que corra siempre a tu favor, te traería el sol, o alguna bandada de gorriones para verte sonreír.

Quisiera ser viento para flamear banderas de todos los colores y tamaños, para que un niño me reciba extendiendo sus brazos y cerrando sus ojos.

Quisiera ser viento para arquear los tallos de las flores y permitirles otro punto de vista. Para hacerlas aun más hermosas.

Quisiera ser viento para hacer música con el sonido de las hojas de los árboles mientras los balanceo.

Quisiera ser el mismísimo viento que te eleve.

martes, 28 de septiembre de 2010

¡Que la cierres!

¿Qué onda con la gente que siempre deja las puertas abiertas? Entran a mi habitación, por ejemplo, y al irse, no sólo dejan la luz prendida (habiéndola encontrado apagada), sino la puerta abierta. Salen de casa y dejan la puerta abierta. “Ya vuelven”, pero ese “ya vuelvo” son 45 minutos y afuera hace diez grados bajo cero. Abren placares y armarios, quedan abiertos. Hasta la puerta de la heladera llegan a olvidarse de cerrar. ¿Qué creen, que siempre van a tener a alguien que vaya por detrás cerrando todo lo que ustedes abren? ¡No!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Invisible

Hacía mucho tiempo que estaba llamándome, porque el sonido ya era demasiado agudo e insoportable. Me di media vuelta rogando que se callara de una vez. Pero no sucedió. Abrí mis ojos y me di cuenta que el despertador, no se apaga sólo. Me levanté de la cama, un día más, tan cansada de lo mismo. Abrí la ducha y mientras se calentaba el agua saqué un jean y una remera del placard. Con el baño logré despabilarme un poco. Me sequé el pelo, me vestí, y bajé las escaleras. Abajo me esperaba mi desayuno en la mesa. ¡Qué bueno!

Café con leche, tostadas con mermelada, y mi hermano que se sentó a mi lado en silencio. Sólo la música que salía del cubo luminoso se escuchaba. Con mi bolso atravesando en diagonal mi espalda y mi madre al volante, me dirigí a la facultad. Quince minutos en silencio. Un universo entero dentro mío, pero nada que valga la pena decir en voz alta.

Las caras de sueño diarias se hicieron presentes y un profesor empezó a hablar, mientras hacía chistes de los que nadie se reía. Yo seguí en mis universos que se entrelazaban de maneras increíbles. Creo que no escuché ni la mitad de lo que el chistoso hombre dijo. Por suerte, tampoco se le ocurrió preguntarme nada. Es más, creo que ni con sus ojos tuve que cruzarme, por suerte.

Docenas de pies se arrastraron por aquel pasillo, mientras los rayos ya elevados del sol de primavera nos encandilaban después de la adormecida clase.

Hablaban entre ellas. Creo que de un vestido, del tiro de un pantalón, de alguna fiesta. Me aburrí. No emití comentario. Rodeamos una mesa negra en el bar y me quedé en las noticias que pasaba aquel otro cubo luminoso. Todo malo. Preferí perderme entre los árboles que se mecían detrás del vidrio un poco sucio y el cielo celeste intenso. Ellas hablaban ahora de alguna famosa adolescente de la provincia, que anda con éste, que anda con aquel, que la conocí acá, y yo allá. Ellos hablan de un videojuego. Prefiero mirar los teros que caminan tímidos entre el césped mientras sigo con mis propios personajes. Hora de levantarse y aguantar otra clase. Tal vez un poco más interesante, pero igual de lejana y silenciosa.

Al salir de allí, con mi boca aún cerrada, sin haber encontrado algo interesante que compartir, o alguien que me exija una respuesta, mis ojos se clavaron lejos, en una azul e intensa mirada. La única mirada con la que me crucé durante esa mañana. Fue corta, pero intensa. Y nos separamos. En silencio volví a casa.

Almorcé entre rostros cansados e hipnotizados, entre voces dormidas y rostros violáceos. Luego de un café y un chocolate, proyecté parte de mis universos. Algo cayó en papel, algo en pantalla. La música me ayudó a escupir un poco. Pasó mi hermano, buscó lo que necesitaba y se fue. Pasó mi madre, le dijo algunas palabras al aire y siguió su camino.

Me cansé. Entré al baño, abrí la canilla fría, puse mis manos bajo el agua unos segundos y luego me mojé la cara, me mojé hasta el cuello. Elevé mis ojos hacia el espejo y no me vi. No estaba. No había nadie allí.

Otro día en el que había sido invisible y yo recién me daba cuenta.

martes, 21 de septiembre de 2010

Golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar.

Tx: Gustavo A. Bécquer, Volverán las oscuras golondrinas | Ph: google.com | Edición: Valebé

sábado, 18 de septiembre de 2010

Tótem de origami

Un trabajo para la materia Lenguaje Visual II consistió en representar el "otro yo", mostrando características, sueños, miedos que llevamos cada uno dentro. La técnica y tamaño fueron libres. Lo único que debíamos respetar era la estructura de un tótem; es decir, dominante vertical, donde un elemento se ubica sobre otro, y el valor de significación de los elementos representados. Ésta fue mi propuesta.

 
Gracias Isa por adentrarme en el universo del origami 
y por las ayuditas con la realización de los animales.



Tótem | Memoria Descriptiva

Para la realización de mi tótem, utilicé la técnica japonesa de origami (también llamada papiroflexia), que consiste en el doblado de papeles para lograr distintas figuras. Representé distintos animales y los situé en estructura totémica. La significación está dada en dos niveles: a modo global, por la ubicación de los animales en el todo, y a modo particular, en cada animal seleccionado.

En su globalidad, se observa que los animales están ubicados: abajo los marinos, en un nivel superior los terrestres, y luego los aéreos. De este modo represento el ascenso que toda persona tiene a lo largo de su vida, o cada vez que se levanta luego de una caída. Se empieza desde lo más bajo (profundidad del mar), para ascender a distintos niveles (de felicidad, espiritualidad, comprensión, liberación) hasta llegar al vuelo, al despegue, a la paz, representada por la grulla al final del tótem.

En cuanto a la particularidad de los animales, la selección de cada uno tiene que ver con una característica mía o alguna de la especie con la que me siento identificada.

Los peces, a mi modo de ver, representan el valor y la valentía. Al tenerle fobia a la profundidad del agua, ya sea del mar o una pileta, considero que los peces, a pesar de ser animales pequeños, poseen mucho valor para poder vivir ahí dentro, en ese mundo tan lleno de misterios para mí, entre tantos animales enormes que se alimentan de ellos. Representan esa fobia que hay en mí, y a su vez, la valentía que, en ese ámbito, carezco.

El elefante se ubica como centro y torso del tótem, debido a su gran tamaño, que por sus movimientos, actitudes y forma de vida, me representa sabiduría, estabilidad e inteligencia. Son características de las que siempre busco más, y conforman ese centro o torso al que regreso cada vez que empiezo a tambalearme.

Los gatos, a modo de representación de todos los felinos, se ubican como mi especie favorita debido a que mantienen los pies en la tierra, saben cómo disfrutarla, pero cuando se cansan o algo aquí abajo no les gusta, trepan los árboles, tan alto como quieren, y allí se quedan. A mí modo de ver, los felinos, sobre todo leopardos, tigres y gatos, tienen un alto nivel de espiritualidad, por lo que los coloco en un nivel más alto que el elefante. Además admiro su capacidad de autosuficiencia, su soledad y altanería.

Los búhos o las lechuzas, además de gustarme mucho por su belleza, siento que me representan por su capacidad de observación. En silencio y tan quietas, sólo girando su cuello, observan todo, conocen y analizan cada situación que los rodea.

La grulla, en Japón, es el símbolo de la paz y la coloqué volando, despegándose del resto, representando mis ansias de paz y vuelo, a modo de destino u objetivo final en la estructura o la propia vida.

Autores de los animales:
Pez | Davor Vinko
Elefante | Li Jun
Gato | Jo Nakashima
Búho | Davor Vinko
Grulla | Tsuru

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Vos

Floto entre las constelaciones de lunares en tu espalda. Me refugio del frío y la frialdad del mundo, allí donde más se aglomeran. Navego entre cascadas de miel con forma de toboganes en tus cabellos. Me deslizo por ellos y soy niña otra vez. Soy la niña que de vos se enamoró. Sos esa mirada que me conquistó. Soy aquellas palabras que no comprendía del todo y se iban instalando tan dentro mío. Pedías permiso. Preguntabas constantemente.

Lo encontré en algún lado. Tiene varios meses ya. No sé cuántos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

No quiero extrañarte tanto

Quisiera saber dónde está lo que se nos perdió. Dónde se metió lo que nos falta y cómo saco todo esto que sobra. Quisiera darte todo lo que alguna vez supe darte, o te di sin siquiera saberlo. Quisiera que vuelvas a encontrarte entre mis ojos. Que sepas perdonar y ya no gritar. Que tus ojos me digan más, que volvamos a entendernos con sólo mirarnos. Que me tiemblen las piernas al abrazarte, que me explote el pecho al verte. Que me sorprendas. Quisiera que tu paz esté de nuevo en mi sonrisa. Que mi refugio sean de nuevo tus letras. Que brillemos otra vez. Que tiñamos la habitación de colores. Que el mundo nos sepa enormes. Que no hagan falta los cuerpos ni los planes. Que no nos falte el amor. Quisiera que liberemos nuestras almas, volvamos a dejarnos caer sin riendas ni armaduras. Sin reglas. Que el mundo sea nuestro otra vez y todo esté para conocer. Que los relojes no nos apuren y el frío no nos asuste. Dejemos que el sudor corra tranquilo y que las mentes se liberen. Que solo nuestros brazos nos cubran. No vamos a hacernos daño. Te prometo que vamos a cuidarnos. Te aseguro que podemos ser muy grandes. Dejame que vuelva, que llore un poco y después te bese. Volvamos a intentarlo. Por favor. Yo lo quiero, y espero que vos también. Como sea, hoy quiero pelearla. No voy a darme por vencida ahora que te he encontrado. Ayudame. Volvamos a intentarlo. Estoy necesitando tu paz, tu luz y tu grandeza.

martes, 7 de septiembre de 2010

Imploro tregua (fragmento)

Y digo que tengo fuerzas, que voy a seguir peleando. Que voy a amanecer, voy a colocarme la capa y el antifaz y con mi espada en mano voy a salir, dispuesta a lo que venga. A dar mi vida por esta causa. Pero se pierde, se difumina aquella imagen. De verdad, ya no sé si quedan fuerzas. A veces siento que se me han acabado. Pienso que cuando llegue el momento aparecerán de algún lado, y me elevaré de cara al sol a buscarte... pero me siento tan débil, tan débil... que tal vez sólo me deje caer en la calle y apoye mi cabeza sobre el cordón de la vereda. Y olvide mi espada a mi lado, y algún automóvil la aplaste y la deforme. Tengo miedo de no poder sostenerme en pie. Tengo miedo de que mis fuerzas se acaben, de que la paciencia se me pudra, y las ganas se corroan. No quiero, te juro que no quiero... pero ya ni sé. Soy tan débil...

Vení, acercate en silencio... volvé. Dejame que te vea como sos, como eras, como te conocí. No te pongas ninguna máscara ni armadura hoy. Por favor. Quiero pelear por vos, para vos. Nunca contra vos. Si nos atacan tenés lugar bajo mi capa y detrás de mi escudo. Te voy a estar cuidando. No me frunzas el seño, sólo mirame. Dejate ser. Respirá. Yo te cuido. Por favor, no vuelvas a decirlo, no me grites, no tengo fuerza para defenderme. Dale, dejá tu espada a un costado y abrazame. Fuerte. Muy fuerte. Volvé a dejar tu forma en mi pecho. Volvé a decirme qué ves cuando me ves. Volvé a acariciarme el alma. Bueno, secame las lágrimas, pero despacito, que me duelen los ojos; han visto mucha oscuridad. No me preguntes nada. Abrazame mientras mojo tu hombro con lágrimas saladas. No me dejes ir. Nunca me sueltes.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Just believe

- She went to Neverland. And you can visit her 
any time you like if you just go there yourself.
- How?
- By believing, Peter. Just believe.

[- Ella se fue a la Tierra de Nunca Jamás. Y puedes visitarla 
cada vez que quieras si vas tu mismo allí.
- ¿Cómo?
- Creyendo, Peter. Sólo cree.]

Tx: Mr. Barrie and Peter, Finding Neverland | Ph: imdb.com | Edición: Valebé

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Puntualidad

¿Qué onda con la gente que siempre llega tarde? Tienden a ser siempre los mismos. Pero más curioso es cuando las excusas empiezan a repetirse. Y algunos hasta llegan al famoso “y bueno… soy impuntual.” Sos, porque querés serlo, no me jodas. Ya sabés cuánto demorás en bañarte, en vestirte, o en lo que sea que hagas antes de salir. Mirá el reloj y calculá el tiempo. Cinco o diez minutos, algún imprevisto (si es verdad), está todo bien. Pero loco… ¡vamos! Media pila, y nos respetemos un poco.

domingo, 29 de agosto de 2010

Renovada | Diario de viaje | Parte V

Me encuentro sola entre tanta madera y tanta agua. Sola, pero muy bien acompañada. Sí, claro, sola… pero con el pecho amplio y la cabeza en alto. Feliz de tenerme, que es lo que más necesitaba. Feliz de sentirme y de saberme capaz de acompañarme. A dos mil kilómetros de lo que llamo casa, logré varias certezas que buscaba, y otras que simplemente se hicieron presentes.

Vuelvo a saber que puedo acompañarme a mí misma, que soy quien más me conoce y que puedo ser feliz en soledad. Claro que cuando uno está bien acompañado, las cosas pueden ser fantásticas, pero solo, también. Y ahora que no te tengo conmigo, sé cómo estar sola, aunque te extrañe y tenga ganas de tenerte acá.

Vuelvo a estar segura que la vista es mi sentido favorito, pero no podría ser feliz si me faltara alguno de los cinco sentidos. Valoro tanto cada sensación que me brindan.

Vuelvo a darme cuenta que no pertenezco a ningún lugar. Que no tengo raíces en los pies, ni sogas a ningún suelo. Que nadie me detiene.

Sé que el frío existe, y que la voluntad flaquea. Pero puede hacerse tan grande y fuerte como se quiera.

Sentí la inmensidad y majestuosidad de un enorme lago azul de día, y lo vi convertirse en una inmensa masa negra, dispuesta a devorar cada pedacito de optimismo o felicidad. Supe que no sucedería ahora. Que no podría conmigo en este momento de mi vida. Pero podría ser muy peligroso en cualquier otro momento en que me agarre con las defensas un poco más bajas.

Soy inmensa y eterna cuando escribo. Aunque nadie lo lea, aunque a nadie le guste. Si las palabras salen, es porque están, y eso es lo que a mí me alcanza. Y sentir que puedo sacarlas me hace feliz.

Quisiera tener todo este tiempo más seguido. Para reinventarme y renovarme. Para leer y volcarme en letras. Para fortalecer mi espíritu y también mi cuerpo.

Estoy sola en este rinconcito que decoré a mi modo por unos días. Entre tanta gente que no conozco y tantas tonadas que se confunden. No miro por la ventana para ver si reconozco a quien camina, sino para crear ese nuevo universo que cruza mi vida. Estoy sola y mi mundo es pequeño; pero no me siento sola, y extiendo mis fronteras hasta donde yo quiero.

Me encuentro en un árbol, en un pájaro o en una pequeña ola. Porque estoy ahí, en cada cosa que atrae mis ojos, en cada detalle que forma este paisaje del que me hago parte. Y encuentro la belleza a cada instante.

Se termina este viaje, pero vuelvo más renovada que nunca. Más segura. Más feliz. Más yo. Yo y todo esto que soy. Todo esto que cargo y no pesa. En realidad, alivia. Da forma.

jueves, 26 de agosto de 2010

Lluvia | Diario de viaje | Parte IV

Acá llueve. Llueve mucho. Y el viento es demasiado violento. Golpea mi cara, mi cuerpo, me hace perder el equilibrio, golpea paredes y hace sonar ventanas. Me asusto, pero me consuelo pensando que las estructuras deben haber aguantado situaciones peores.

Llueve violentamente y las gotas, desviadas e impulsadas por ese inmenso e incesante soplido, duelen al chocar mi cuerpo. El frío se hace sentir. Mis abrigos se sacuden y no entiendo por qué pequeños orificios la ventolera se hace un lugar y llego a mi piel. Cada gota suena con un seco plop en alguna parte de mi cuerpo cubierto. Me encorvo para evitar filtraciones bajo mi capucha y me obligo a cerrar los ojos. Los presiono con fuerza.

El cansancio ya se nota. El cuerpo grita de frío y dolor. Con ropajes tan mojados no hay voluntad que aguante. Pero a pesar del viento, logro mantenerme en pie. Los músculos me arden de dolor y cansancio, mis piernas en cualquier momento, o se dejan caer, o explotan. Pero ya falta poco. Y las gotas me duelen en las mejillas, y el sonido es ensordecedor. Adelante no se ve nada. Todo es tan blanco. Mis pies se hunden y me piden más fuerza. Ya falta menos. Logro elevarlos y seguir. No siento mis dedos. Me explotan las piernas. Y veo la luz. Y veo la gente. Me alivio por un rato.

Sigue lloviendo pero mis ropas ya están secas y mi cuerpo caliente. Sigue lloviendo pero ahora tengo techo y mis músculos están relajados. Duelen de cansancio. El viento choca contra la pared y mi equilibrio ya no depende de él. Ya no flameo. Pero me siento tan feliz de haberlo logrado… Porque sólo así se puede saber que el frío todavía se puede aguantar un poquito más, que los músculos no nos van a abandonar tan rápido, aunque duelan insoportablemente, y que si hay placer detrás de todo esto, sigue valiendo la pena.

Llueve más fuerte. Cada vez es mayor el ruido de la tormenta. Y me pregunto por vos. ¿Lloverá allá donde estás? ¿Te desestabilizarás con el viento? ¿Tendrás frío? Podríamos abrazarnos y brindarnos un poquito de calor. Podríamos mirarnos y creo que con eso ya seríamos un poquito más fuertes.

¿Lloverá ahí fuera? Acá sí, llueve mucho por fuera. ¿Te lloverá ahí dentro? Acá tengo mucho sol, y podría llevártelo a donde sea que estés si es que andás necesitando un poquito de luz o calor.

martes, 24 de agosto de 2010

Máscaras | Diario de viaje | Parte III

Hoy he tenido algunos cambios, socialmente hablando. He salido de mi ensimismamiento y cultivo personal para mirar al resto, para cruzar una que otra palabra con algún desconocido. Pero de aquellos con los que he estado estos días, me he alejado un poquito.

Hoy he tenido miles de personas a mi alrededor. Físicamente, todas muy distintas, pero a la vez, tan parecidas. Sólo intercambié palabras (de cortesía) con menos de cinco desconocidos, pero me he dedicado en cambio, a pensar en cada uno que pude mirar, aunque sólo sea una parte de su cara lo que mostraban.

Es algo que me gusta hacer. Incentiva mi imaginación y mi sensibilidad. Cuando veo a alguien ya tengo en mi mente gran parte de su forma de ser, personalidad o estado de ánimo. Y cuando son miradas las que cruzamos, descubro mucho más.

A medida que avanzaba y nuevas siluetas pasaban ante mis ojos críticos, en mi cabeza se fue formando todo un universo de personalidades, que hasta convivían. El de verde tiene pinta de histérico, el de azul es tímido y la de rosa quiere volver a su casa, pero no se lo dice a su acompañante, un soberbio señor alto vestido de negro. La de blanco sabe mucho, tal vez esté pensando en la explicación de algo, el del camuflaje seguro es músico, y la del estampado en grises es fotógrafa, artista o escritora. Y así, hasta inventé situaciones y supe el papel que cada uno tendría.

También pensé en el lenguaje del cuerpo. En cómo una postura nos delata, o una mirada nos destapa. En lo vulnerable que podemos ser ante ojos observadores. Pensé en las máscaras que cargamos constantemente y detrás de las que nos escondemos. Me pregunté cómo me vería la gente a mí, con qué máscara me identificarán. Y me planteé cómo cambiamos las máscaras según la ocasión. En un corto tiempo cambié de personalidad varias veces. Fui la soberbia, la amable, la antipática, la risueña, la indiscreta. Y creo que los papeles me salieron bastante bien.

Total, aquí nadie me conoce. Nadie sabe que en realidad soy la tímida que sólo logra soltarse cuando siente fortaleza en el pecho y nadie la conoce… o cuando siente que no significa absolutamente nada para las miles de personas que la rodean. De esto, también debería aprender.

Y me pregunté con qué máscara te vería si te encontrara por aquí… o cuál te pondrías para lograr tu lugar entre tantas otras. Me pregunté qué tanto podría modificarse mi máscara si te viera… y estoy segura que aunque pretenda ser lo que sea, tus ojos son otro par de observadores que saben lo que en realidad llevo acá adentro.

lunes, 23 de agosto de 2010

Frente al lago | Diario de viaje | Parte II

Ahora estoy sentada, con mi libreta de hojas lisas entre mis manos, a la orilla del lago que tengo más cercano. Es majestuoso, inmenso y azul, tan delicioso y hermoso... Me siento en una roca aislada del paso de la gente y cerca de la orilla. Con guantes en mis manos se me dificulta un poco, pero puedo escribir sin que mis manitos deseen la vagancia y el calor de mis bolsillos.

El viento vuelve a despeinar mi cabello, mientras despeina también la superficie de aquel espejo. Se forman pequeñas olas y rompen cerca de mis pies con un tímido sonido que es opacado por el viento y los árboles que éste agita. El agua es transparente, es cristalina, y se acerca a mí. Me llama, me tienta con su belleza, mientras mueve pequeñas piedritas de su lugar. Las lleva consigo y luego las devuelve rodando. Alfonsina se fue como las piedritas, pero ella no volvió. En cambio sí, vuelve a mi mente. Comprendo la belleza en la que se dejó caer. Comprendo su elección. Pero no, claro que no pienso en mi final ahora, con tanta belleza ante mis ojos y mi alma. De noche debe ser más silencioso y temeroso todo aquello… El viento debe ser más fuerte y la paz mayor… pero una debe teñirse de angustia sentándose en plena noche donde ahora me encuentro. Voy a intentarlo, sin embargo, voy a sentir el silencio de un enorme y bello lago en la oscuridad. Voy a volver a esta roca una de estas noches.

Salgo de un trance que mantuvo mis ojos fijos en aquel horizonte del lago, donde empieza a esconderse entre las montañas, y miro sus alrededores. Muchos árboles, de muchos tipos y especies. Todos muy altos y fuertes, acostumbrados a tanto frío y tanto viento. Todos son perfectamente verticales, buscan el cielo, buscan el sol. El viento los peina hacia arriba. Éste no es lugar para árboles indecisos o encorvados. Cuánto quisiera aprender un poco de ciertas especies...

Elevo un poco mi mirada y… ¿qué hay allí? ¡Tienen pequeñas piñas redondas! Ay, si estuvieras acá… los árboles tienen aquellas a las que les llamás “pelotitas” y te gusta recoger cada vez que salimos a cambiar. Siempre volvés con varias de ellas entre tus manos y después te gusta exhibirlas sobre aquella repisa, entre tus libros y fotos. Pero, ¿sabés? Allá no hay tantas. Acá enloquecerías al ver cuántos nuevos tipos de “pelotitas” descubrí.

Cuánto me gustaría caminar con vos por la orilla del lago mientras te veo agacharte a buscar pequeñas piñas, o mientras me desvío del camino a traerte alguna de un árbol más aislado. Y ver tu sonrisa al estirar tu mano para recibirla. Sí, cuando regrese voy a llevarte alguna de regalo, no tengas duda. Son demasiado hermosas como para que queden aquí tiradas y vos sólo puedas imaginarlas. Ahora mismo voy a recoger algunas y a guardarlas en mi mochila aventurera.

sábado, 21 de agosto de 2010

Primeros estímulos | Diario de viaje | Parte I

Después de un largo, pero placentero viaje, llegué a destino. Muchas horas pasé sobre esas ruedas que giraron tantas veces y saltaron con un par de pozos. Sobre ellas yo, con un libro entre mis manos, a veces una lapicera, y mis melodías favoritas entonándose.

He sido parte de muchos y diferentes paisajes que me fueron albergando en sus pastos, sus caminos de tierra, viñedos, montañas y cabras. Cada uno custodiado por un cielo distinto y teñido de un sol único. Encontré formas en las nubes, me imaginé viviendo en una casita rodeada de enormes kilómetros de campo, y sentí mi pequeñez al estar cerca de aquellas enormes estructuras metálicas donde viajan los cables de una punta a la otra del país. Siempre me inquietaron esos monstruos, desde que soy pequeña. Son súper-hombres (siempre les vi forma de personas) con espaldas anchas, brazos y piernas firmes, que soportan enormes calores y eternos fríos; enfrentan todos los vientos y siguen en pie, orgullosos y firmes con sus brazos en alto y sus cables suspendidos.

Y ahora estoy acá, rodeada de tanta agua. Hay lagos por todas partes, ¡es tan hermoso! Todos son muy grandes e increíblemente turquesas. Desconozco qué tan profundos serán, pero siento una gran sensación de protección mezclada con pureza al saberme entre estas enormes masas de agua.

Acá corre mucho viento. Hay sol, pero el viento tiene tanta fuerza, que los árboles no se mecen, se agitan con mucho ritmo y actitud. Es un viento bastante frío; es el culpable de la necesidad de una campera. Además, me despeina. Con mis dedos vuelvo mi cabello a su lugar, y apenas lo hice, el viento volvió a despeinarme. De todos modos, ¿de qué me sirve estar peinada? Con menos protocolo la vida es más interesante.

Acá no sé si nuestro volantín aguantaría. Se agitaría violentamente, le costaría tomar vuelo, pero estoy segura que volaría. Tal vez el viento tan fuerte le facilite la elevación. Seguramente permanecerá mucho más tiempo en el aire, sin amagar una caída. Tal vez demore en acostumbrarse, pero lo hará. Podríamos intentarlo algún día por acá…

Pero no estás acá. Estás tan lejos ahora… Constantemente me pregunto por vos. ¿Estarás bien? ¿Me extrañarás? ¿Pensarás en mí? ¿En qué usarás tu tiempo ahora que no estoy? ¿Estarás deseando mi regreso?... Y… ¿y si nunca regresara?

Me imagino y me invento una respuesta a cada una de mis preguntas. Siempre creo en aquella respuesta que es la que deseo, pero nunca falta la opuesta… ¿y si te das cuenta que no te hago falta? No, no. Estoy segura que me estás pensando… y hasta esperando.

jueves, 19 de agosto de 2010

Remember me

If you could hear me, 
I would say that our finger prints 
don't fade from the lives we've touched.

[Si pudieras oírme, 
te diría que nuestras huellas digitales 
no se desvanecen de las vidas que hemos tocado.]

Tx: Tyler Hawkins, Remember Me | Ph: imdb.com | Edición: Valebé

viernes, 13 de agosto de 2010

Y de repente, en algún punto, lo encontrás

El siguiente cuento surgió a modo de juego, que me propuso mi amigo Santiago en http://snotions.blogspot.com/2010/08/les-propongo-un-juego.html
Consiste, básicamente, en elegir una de las ideas propuestas y escribir un cuento. Luego, al comparar los resultados con los demás participantes, se encuentran resultados muy interesantes. Lean ahí las reglas, y si les interesa, están todos invitados, por acá, por allá, por donde sea.


Llegué a la esquina y tropecé con un hombre que se parecía mucho a mí, diría que casi era mi clon. No podía ser posible... ¡hasta vestía igual que yo!

Confieso que me asusté un poco, y en un segundo un montón de ideas atravesaron los rincones de mi acalorado cerebro. Estaba frente a un espejo. Algún empleado de alguna vidriería estaba caminando con un espejo a cuestas. No. Yo tenía cara de asustado y él sonreía. El calor me estaba sofocando demasiado, cerraría los ojos y no estaría. Apreté mis ojos y la repugnante imagen de mi clon sonriendo, justo en frente mío, siguió punzante. Sonreía. ¿Cómo podía estar sonriendo si acababa de quitarme mi apariencia física, casi mi identidad completa? ¿Cómo podía sonreír si yo era el verdadero portador de aquellos rasgos y él era una vil copia? ¿Lo era?

No sé cuántos segundos pasaron mientras nuestras miradas hacían contacto y nuestros cuerpos permanecían estáticos frente a frente. Noté ese brillo de satisfacción en sus ojos. Yo sólo emanaba celos, enojo, preguntas. No podía ser, esto realmente no era posible. Decidí ponerlo a prueba.

Levanté mi brazo derecho lentamente, porque en el izquierdo cargaba con mi portafolios (él también cargaba uno... ¡en la misma mano!) y lo saludé, sin poder ocultar mi curiosidad. Esbozó nuevamente su sonrisa malvada y me devolvió el saludo de la misma manera. Oh no, ¿ahora? Lo miré fijo con la intención de asustarlo o intimidarlo. Nada pude. Su mirada era aún más poderosa. Coloqué el brazo detrás de mi espalda para ver qué hacía y me sorprendió su voz:

- ¿Tratás de corroborar si soy tu espejo? –¿tengo que contestarle?, pensé. Tras mi silencio agregó- Dale, “Otro Carlos”, contestame. –No, esto definitivamente no podía ser.
- ¡¿Otro Carlos?! Mirá... yo no me llamo Carlos, ni soy otro de nadie, ¿entendiste?
- Pará un poco, aflojate. Estaba bromeando. Carlos, mucho gusto –dijo extendiéndome la mano. Dudé... pero nunca le negué el saludo a nadie, ni consideré que sería apropiado hacerlo.
- Hernán –contesté tímidamente mientras estrechaba esa mano tan parecida a la mía, y hasta con la misma temperatura.

Permanecimos otros incómodos segundos en silencio, mirándonos. ¿Cómo podía preguntarle todo lo que se me ocurría? Aparte... ¿quién era él para poder contestarme? ¿Por qué estaba tan tranquilo? ¿Acaso era mi clon? ¿Acaso tenía un gemelo y nunca me había enterado? Interrumpió mis preguntas:

- ¿Qué te pasa que estás tan tenso?
- ¿Encontrás alguna razón para no estarlo si estoy viendo a mi clon al frente mío?
- ¿Nunca te había pasado de encontrar a alguien igual a vos? A mí, es la segunda vez que me pasa. –me dijo, con la mayor tranquilidad del mundo.

domingo, 8 de agosto de 2010

En algún punto, incompatibles

Él la quería para no crecer tan de golpe,
para permanecer un tiempo más
en aquella adolescencia
que todavía no debía terminar.

Ella lo quería para sentirse mayor,
para alejarse lo antes posible
de aquellas caras adolescentes
donde ya nada tenía que hacer.

Pero nunca lo supieron.
Y por eso lo intentaron.
Y fueron felices,
al menos el tiempo que duraron.

sábado, 7 de agosto de 2010

Sanz

Te escribo desde los centros de mi propia existencia
donde nacen las ansias, la infinita esencia.

Tx: Alejandro Sanz, Cuando nadie me ve | Ph: google.com | Edición: Valebé

jueves, 5 de agosto de 2010

Un regalo de cumpleaños


Nicolás era uno de esos chicos bastante más flacos que el resto, tez morena y pies descalzos. Salía de casa temprano, en la fría mañana, y escuchaba con atención las clases en la escuela. Volvía al medio día, invadido por el hambre, y lograba comer algún pequeño plato de polenta que compartía con sus seis hermanos. Luego salía de nuevo, con su cajoncito de lustrar colgado al hombro.

Llevaba la vida de un chico de la calle. Era uno de ellos. Pero Nicolás tenía un brillo particular en los ojos. «Es el brillo de la esperanza, de la fuerza y las ganas de seguir adelante» le chusmeaba una vecina regordeta a su amiga cada vez que lo veía pasar por su vereda. Era un brillo en sus ojos que lo hacía diferente al resto.

El día de su cumpleaños, Nicolás sólo recibió un par de saludos desanimados de su madre y un hermano antes de salir de casa. No hubo regalos. Para ellos nunca los hay. Por eso el día del cumpleaños suele ser sólo uno más. Pero esa mañana Nicolás se levantó con más ánimos que otros días, tenía el presentimiento que esta vez, algún regalo podía recibir.

Fue camino a la escuela que lo vio. Abrió grande los ojos y observó gran espectáculo por un buen rato. No era algo que se veía todos los días y ese día sucedía porque era su cumpleaños. Quería grabarlo en la retina, en su memoria para siempre. Estaba allí. Gigante, inmenso, lleno de calor, de alegría y del afecto que no tenía. El más inmenso y perfecto sol se elevaba naranja, brilloso, esplendoroso. Se abría paso entre las nubes que hacían juego con sus colores y la más grande sonrisa. Tenía el mayor espectáculo delante, el mundo íntegro, la vida entera sólo para él. Todo era suyo. Y con un año más de vida en esa espalda ya cansada, sus ojitos brillaban más que nunca.

Luego de unos minutos de respirar profundamente y no pestañear se acordó que debía seguir su camino. Tomó valor, asegurándose de no olvidarse su regalo allí, y siguió su camino.

Ya en la escuela uno de los niños se acordó qué fecha era y lo saludó:

- ¡Feliz cumpleaños Nico! ¿Qué tal la estás pasando?
- ¡Muchas gracias! ¡Espectacular! He tenido una mañana hermosa.
- ¡Cuánto me alegro! Seguro algún regalito te hace tan feliz.
- Recibí el mejor regalo que se puede recibir.
- ¿Qué? ¿Conseguiste la bicicleta? ¿La pelota que aparece en el cartel gigante?
- No. Recibí el más hermoso amanecer.
- Pero eso no es un regalo para vos, es algo que siempre hay y todos podemos verlo.
- Pero hoy fue hecho para mí y nadie lo vio ni lo disfrutó como yo. ¿Acaso te detuviste en medio del camino a admirarlo? ¿Te gustó tanto que te dejó sin aliento? ¿Te ensanchó el pecho y la sonrisa? ¿Te hizo brillar los ojos y sentirte la persona más feliz en la faz de la tierra? –su amigo lo miraba extrañado, sin comprender- Con ese espectáculo en frente sentí que no necesitaba más nada. Podía vivir eternamente frente a ese poderoso sol abriéndose paso en la mañana. ¿Acaso te sorprendiste al verlo? ¿Si quiera lo viste? El amanecer de hoy fue mi regalo, el mejor que he recibido y que voy a recibir. Y fue solo mío, porque nadie, yo sé que nadie, lo sintió como yo.

domingo, 1 de agosto de 2010

¡Piedra por mí!

Detrás de una pared de concreto, lo escuché. Las correteadas por la casa y de repente ¡piedra por mí! Risas, y de nuevo silencio en el que sólo se escuchaban pequeños pasitos alejándose lo más sigilosos posible. Silencio otra vez y después de un buen rato, más correteadas y de nuevo ¡piedra por mí! Risas y diversión rondando la casa. Por fin se estaba divirtiendo con algo que yo me había divertido en mi infancia. Por fin un juego que no tenga una pantalla de por medio. Creo que entre todas esas risas, algo logró entender de por qué yo digo siempre que antes nos divertíamos con juegos mucho más baratos y más sanos.

Cadáveres

Cuando todos los invasores sean cadáveres, yo me levantaré y seré.

sábado, 31 de julio de 2010

Aburriéndome

Debo confesar que a veces, la vida me aburre. Contra mis principios y contra mi experiencia, hace días que estoy aburrida. Tal vez no he buscado demasiado, pero de las actividades que se me presentan, ninguna me entretiene. Lo que leo no me atrapa al punto de consumirme entre las páginas de algún libro. Tampoco me engancho como quisiera con ningún blog. Rondan ideas y palabras sueltas por mi cabeza, pero al sentarme, ya sea frente al teclado, o lapicera en mano, todas se han dispersado, cada una por su lado. Y por más que intente, y que piense, no logro conectar un concepto con otro y la hoja en blanco empieza a ponerme nerviosa. Entonces en uno de esos muchos pestañeos me doy cuenta que estoy aburrida, que no quiero escribir, que no es el momento.

Estoy inquieta, esa es la verdad. Actualizo la página de inicio de Facebook y siempre carga lo mismo. Y cuando hay algo nuevo, no me interesa y es aburrido. Abro YouTube, pero sinceramente, no tengo ganas de ver nada. Una película, pero aparece el segundo personaje y me harté, no estoy para andar recordando nombres e historias ajenas.

Entonces pienso en hablar a alguien. Una merienda con alguna amiga podría ser una interesante forma de pasar la tarde... pero la verdad es que no quiero ver a nadie. Fulanita se la va a pasar hablando de su novio. No me interesa. Menganita va a traerme todos los chismes de gente que ni recuerdo que existe. No quiero enterarme de nada. Pepita va a estar emocionada por que le cuente de mi vida últimamente. No tengo ganas de hablar. Aparte... tampoco tengo nada que contar. Podría invitar a alguna amiga a “mirar el cielo acostadas en el césped”. No creo que a ninguna le suene interesante. Además, ni ganas de moverme de mi casa tengo. Y después de la tercera nube que vea pasar, voy a querer salir corriendo a dar vueltas por donde sea que esté. Eso a ninguna le resulta interesante. Uy, sí que estoy inquieta.

Vuelvo a cualquiera de los dos libros que tengo a medias, vuelvo a mi cuaderno, a la computadora... hasta intento dibujar... pero nada me entretiene más de cinco minutos.

Definitivamente, la vida está un poco aburrida. Siento que necesito algo que me de vuelta, que encienda una chispa. Lo que sea. Quiero que algo me haga pensar, me haga dudar, me haga llorar. Que algo dé un vuelco y cambie mi aburrimiento. Que no me deje dormir, que me carcoma la intriga. Que algo me duela, o que se me escape entre las manos. Que me erice la piel y me tienda el alma el alma al sol. Que la música me revuelque entre dos almohadas, abra mis venas al aire y explote mi pecho. Que mis puños sangren por la presión de mis propias uñas. Que alguien diga mi nombre. Quiero sentir el valor de correr a buscar esa voz. Que algo, lo que sea, me despierte de una vez. Y que sea rápido.

viernes, 30 de julio de 2010

Me gustaba...

Me gustaba la forma en que me estremecías
cada vez que al oído algo me decías.

Me gustaba despertarme a media noche
con alguno de tus golpes de inspiración insomne.

Me gustaba que me escribas,
adivinarte entre tu apurada caligrafía.

Me gustaban tus caricias en mi cabello,
que me llames sólo para decirme “te quiero”.

Me gustaba tu voz al despertarte,
que al estar triste me pidieras que te cante.

Me gustaba el lugar que decía “reservado” en tu pecho
tus cabellos despeinados por el viento.

Me gustaba ser un poquito irresponsable,
que correr contra el reloj sea algo constante.

Me gustaba tu mirada de ternura,
la mía que te sostenía, llena de preguntas.

Me emocionaba nuestra inconciencia,
desconociendo lo que era la paciencia.

Me gustaba que acaricies mi pupila
con tu mirada fija.

Me gustaba que acaricies mi alma
con cada una de tus palabras.

jueves, 29 de julio de 2010

Words, words, words

Words can be like X-rays, 
if you use them properly,
 they’ll go through anything.

[Las palabras pueden ser como rayos X, 
si las usas correctamente, 
pueden ir a través de cualquier cosa.]

Tx: Aldous Huxley, Brave New World | Ph: google.com | Edición: Valebé

domingo, 25 de julio de 2010

Tarde de sol en el parque

Me gustan los besos en la mejilla en el medio del parque, bajo el sol de una siesta de invierno. Me gusta darme cuenta que nuestros dos pares de ojos están atentos a lo mismo. Que el perro que ahora corre desesperado porque lleva tantos días encerrado en un departamento, en unos minutos estará cansado y vendrá a querer robarnos, entre risas, un poco de jugo y galletitas. Me pregunto si no podré traer a mi gato a que corra de la misma forma. Te preguntás si podríamos traer a mi gato a que corra.

Hay un niño que está a punto de enojarse por completo. Lleva un montón de tiempo intentando volar su cometa y ésta vuelve a caer una y otra vez. Y cada vez que cae hacemos el mismo gesto, cara de sufrimiento, elevamos los hombros, entrecerramos los ojos, amortiguamos los golpes… y uff… menos mal que no se rompió, así puede volver a intentarlo. El pequeño se enoja al ver cinco cometas de diferentes colores en el aire y mira defraudado la suya, todavía en su mano… pero no se vence, respira hondo y vuelve a intentar. Hasta que por fin… su cometa azul ya está en lo alto del firmamento, peleando por el puesto a la más alta.

Me mirás y me sonreís. Te devuelvo el gesto con los cachetes gordos y la boca llena de galletas. Largás una carcajada. Me tendés tu mano y decís algo del nene y su cometa. Pero estoy paseando por el centro de tu pupila, por el brillo en tu retina. Se agita mi alma, toman vuelo los pirpintos en mi estómago y deseo sumergirme en lo más hondo de tu mirada. Besás mi mejilla. Uy, eso no estaba planeado... Creo que me sonrojé un poco.

Vuelvo a tu retina, pero esta vez me deslizo a tu sonrisa. ¡Qué fantástico paisaje tenías escondido! ¿Puedo quedarme a vivir en tu sonrisa? Prometo cuidarla.

jueves, 22 de julio de 2010

Café de a dos

Menos mal que no compramos la misma marca de café.

No podría aguantar tomarlo todos los días, si al desviar la mirada de la taza no van a ser tus ojos los que me estén custodiando. No sé con qué lo acompañaría, si nunca voy a prepararme tostadas con queso y miel como las que vos me hacés.

Prefiero que el café de siempre siga teniendo ese aire a sagrado y necesario, pero cuando sea con vos, sea diferente, porque además, tendrá gustito a compañía y enormes sonrisas.

Diario de viaje

Debería escribir más seguido,
aun cuando no tenga nada que decir,
en un diario de viaje.

martes, 20 de julio de 2010

Round here

Round here we always stand up straight
Round here something radiates

[Por aquí siempre nos paramos con la frente en alto
Por aquí algo irradia]

Tx: Counting Crows, Round here | Ph: google.com | Edición: Valebé

martes, 13 de julio de 2010

Allá voy

Me lanzo completamente, esta vez, en mi búsqueda incansable de un par de ojos que miran hasta el fondo. Que acarician allá, tan lejos, donde termina el punto ciego de mi pupila. Que saben pedir, decir, gritar, reír y llorar. Un par de ojos cuyo color ya ni me importa, pero del tono más puro, fiel y luminoso. Que tenga ese brillo que detona mi sonrisa, que tenga el misterio que me envuelve en una burbuja cristalina, en un túnel de humos de colores.

Entre revoltosos cabellos que cambian de color con el sol y de dirección con el viento voy a rastrear ese par de lucecitas tímidas. Esa pícara mirada que me sonríe escondida, mirándome atenta.

Voy en busca de palabras. A robarlas de alguna boca ajena, a susurrarle al viento lo que hoy me habita. Garabatear, en un cuaderno o en la arena, sin dejar ni un nombre adentro. Quiero escuchar que alguien me llame, descifrar alguna voz entre el silencio. Que me canten entre el tintineo de las hojas de los árboles, enredar cuatro pies en el intento de un baile sobre un suelo irregular.

Voy en busca de imágenes. A robarme algún rostro con frío, envuelto hasta la punta de la nariz entre lanas de colores. Una mirada que me grite, otra que me llame. Encontrar cada imagen y guardarla, tras un lente, una retina o un papel.

Me lanzo de cabeza en el cielo más lleno de estrellas en la noche, y en el sol más poderoso en el día. En la búsqueda del abrazo reconfortante, del descanso en silencio, del reír hasta llorar. Reír hasta estallar. Estallar al unísono mientras brillan los astros sobre dos cuerpos decididos.