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jueves, 8 de septiembre de 2011
Billetes que hablan
¿Qué onda con los billetes escritos? Me molesta tanto, pero tanto que la gente escriba los billetes. Cada vez que me llega una de esas frases estúpidas me dan ganas de retorcer a quien las haya escrito. “San Nosequé te traerá suerte y dinero. Copiá esto en 5 billetes.” “Gordita y Chiquito se aman locamente.” “Puto el que lee.” Por Dios!! Basta!! También están los que tienen altos de billetes y luego de sumar 8 mil pesos escriben sobre el último, bien grande, un número 8 y lo rodean con un círculo. Siempre viene otro después que ese billete es el que completa sus 13 mil entonces le escribe encima un 13 con su círculo. ¿Es mucho trabajo escribir el valor en un papelito y guardarlo en la misma bolsa, cajita o gomilla? Por favor, que alguien me diga si esto sucede en otros países también. ¿Ustedes también reciben billetes todos escritos, rotosos, pegados con la cinta adhesiva del color que esté más cerca?
miércoles, 13 de abril de 2011
Cambiando mis noches
¿Qué onda con las almohadas nuevas?
Hoy vengo a confesar algo, una banalidad, sin importancia ni trascendencia para ustedes, pero casi la causa de mi insomnio. Es una sensación horrorosa, espantosa, que se ha ido repitiendo desde hace exactamente cinco noches, cuando por razones que no vienen al caso (alergia y madre atenta, protectora y preocupada) cambié de almohada. Desde esa trágica noche en que me quitaron mi tan preciado rectángulo de esponja y algodones, no puedo dormir en paz. Siento que me han cambiado de amante sin siquiera preguntarme. Han manoteado entre mis más profundas sensaciones quitándome a mi cuidadora, mi compañía, mi compañera. Me la quitaron, me la cambiaron, me la escondieron. Y a cambio obtuve otro pedazo de esponja (bastante más plástico) donde descansar (¡descansar! ¡Hace cinco noches que no lo logro!) mi cabeza. Pensé que bastaría con unos pocos minutos para acomodar mi cuello a esa nueva altura. ¡Pero no! Es alguien, es algo completamente distinto. Hasta su olor es otro; detalle en el que nunca pensé que iría a detenerme. El olor de mi propia almohada, ¡por favor! Pero es otro; uno muy distinto. Y no es mío; tampoco es suyo. Y nunca lo será. Que todos lo sepan: ¡esto no me pertenece! Este nuevo pedazo de esponja cubierta por una funda blanca es una intrusa. No me conoce, ni sabe de mis gustos, ni de mis largas noches, ni confesiones. No es mi almohada de tantos años, ni mi compañera de siempre, y no me será fácil acostumbrarme.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Sábanas brasileras
¿Qué onda las sábanas brasileras? Mucha calidad, sí, sí, pero son cuadradas. No tienen largo ni ancho. Como sea que las pongás es lo mismo, siempre terminás tapándote, o la cabeza, o los pies, y a tus costados llega hasta el piso de ambos lados. Encima las fundas de almohadas son dos chiquitas, en vez de una grande, como sería lo más normal. No hay caso, si dormís con sábanas brasileras, siempre vas a terminar con la unión de las dos fundas de almohada en el medio del cachete, levantándote con una raya que te atraviesa toda la cara, con los pies al aire (cosa que no tolero) y las sábanas hechas un solo bollo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Papeles papeludos
¿Qué onda con la gente que tira papeles en el piso? Me sacan, ¡me sacan de las casillas! ¿Tan difícil es meterse el papelito en el bolsillo algunos metros, hasta que lleguen al basurero? ¿Tanto esfuerzo es dejar el papelito dentro del auto hasta que lleguen a sus casas y lo tiren en sus tachos?
No suelo tener este tipo de pensamientos, pero cuando vi que esa nena (que me había enternecido segundos antes) tiró el chicle en el piso del colectivo, le rogué a los astros que se le pegue debajo de su propio zapato, y se le derrita y se le pegotee entero, y le cueste muchísimo trabajo sacarlo después. Pero no; tuvo que pegársele al pobre viejo que se sentó en su asiento después.
Tiren su basura en el piso de su propia casa, peguensé los chicles en sus propios zapatos, pongansé el envase de yogurt de sombrero y coloquen el envoltorio de alfajor donde les quepa, pero no en la vía pública, que después todos tenemos que pisar e ir esquivando. Y no me vengan con que sino los barrenderos no tendrían trabajo; siempre hay hojas de árboles y ramitas secas que barrer. ¿No sería mucho más lindo que sólo con ellas nos tropecemos?
martes, 28 de septiembre de 2010
¡Que la cierres!
¿Qué onda con la gente que siempre deja las puertas abiertas? Entran a mi habitación, por ejemplo, y al irse, no sólo dejan la luz prendida (habiéndola encontrado apagada), sino la puerta abierta. Salen de casa y dejan la puerta abierta. “Ya vuelven”, pero ese “ya vuelvo” son 45 minutos y afuera hace diez grados bajo cero. Abren placares y armarios, quedan abiertos. Hasta la puerta de la heladera llegan a olvidarse de cerrar. ¿Qué creen, que siempre van a tener a alguien que vaya por detrás cerrando todo lo que ustedes abren? ¡No!
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Puntualidad
¿Qué onda con la gente que siempre llega tarde? Tienden a ser siempre los mismos. Pero más curioso es cuando las excusas empiezan a repetirse. Y algunos hasta llegan al famoso “y bueno… soy impuntual.” Sos, porque querés serlo, no me jodas. Ya sabés cuánto demorás en bañarte, en vestirte, o en lo que sea que hagas antes de salir. Mirá el reloj y calculá el tiempo. Cinco o diez minutos, algún imprevisto (si es verdad), está todo bien. Pero loco… ¡vamos! Media pila, y nos respetemos un poco.
martes, 13 de julio de 2010
Ringtone
¿Qué onda con la gente que tiene el mismo ringtone en sus celulares? Se escucha que uno suena, y en un lugar donde hay diez personas, supongamos, son seis los que empiezan a palpar sus bolsillos, bolsos, carteras. De esos seis, tres se dan cuenta que lo que suena no es el tono que ellos tienen configurado en sus aparatos, y los otros tres, sin pensar si están sintiéndolo vibrar o no, sacan sus celulares hasta del sitio más remoto. Dos los miran y vuelven a guardarlos (a veces quejándose, otras con cara de desilusión) y sólo uno es el que atiende o lee el mensaje. ¿Por qué nunca se acuerdan de la musiquita que eligen? ¿Por qué no se dan cuenta que el aparatito, normalmente y por defecto, vibra y hace luces mientras suena? Aprovechen ese otro modo de aviso.
domingo, 4 de julio de 2010
Perfumados
¿Qué onda con la gente que se baña con desodorante y después se enjuaga con perfume? Son una burbuja de olores empalagosamente perfumados que caminan por las calles, van de aquí para allá, se nos acercan, luego se alejan, y se nos vuelven a pegar. Entonces... los alérgicos a esas fuertes fragancias... ¿qué hacemos? Nos agarra el típico ataque de estornudos, se nos hinchan los ojos, hasta expresamos en voz alta “uff... ya me agarró alergia”, y ellos nunca se dan por aludidos. ¿Quedará muy mal decir “te podés correr un poquito que me das alergia”? Y lo mismo digo de los baños que emanan desinfectantes camuflados en un penetrante olor a lavanda que se siente en todo el edificio. Basta, por favor.
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