viernes, 15 de octubre de 2010

Para encontrarnos

«Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo 
que andábamos para encontrarnos.»
Julio Cortázar


Julio Cortázar, por Sara Facio.
Esta mujer realmente supo hacerme sonreír, suspirar, despertar y elevarme.
Me hizo volver, y volver a volver cuantas veces quiso.


No lo busqué, nunca lo hice, ni siquiera cuando sabía ya de su existencia y según comentaban, grandeza. Cayó cerca de mi universo y de repente, mientras yo caminaba, me topé con su mano. La observé con ansias, la toqué con miedo y la acaricié con gusto, cada vez con un poquito más de confianza. La conocí, pero cada vez que volví a tocarla o a mirarla la encontraba distinta, nueva, pero siempre sabiendo que era suya, que era la misma mano que empecé a adorar, que quise llevar a todos lados conmigo. En ella pude ver la inmensidad y a la vez simplicidad del universo. Del suyo y del mío. La de nuestros universos que, aun tan lejos, en algo se parecían.

Y esta vez tampoco lo busqué. Sabía que estaba cerca, pero no quise ir a su encuentro. No directamente, y mucho menos con tanta prisa. Tenía que planearlo, que prepararme con anticipación. Pero al entrar a esa blanca habitación en busca de otro cuerpo y otra mirada, tuve que toparme con sus ojos. Sus ojos, los de siempre, pero tan distintos.

El mundo se paró, de eso estoy segura. Todo se detuvo por unos segundos, todo. Luego pestañeé y el corazón se me aceleró de repente. Con una entrecortada respiración y con la boca a medio abrir, decidí acercarme. Lo hice lentamente, para no asustarlo. Me detuve a una distancia considerable. Podía observarlo a la perfección desde donde sea. Brillaba. Y él me seguía atento con su mirada.

Sus ojos oscuros estaban fijos en mí. La misma mirada, su mirada, pero con un brillo nuevo. El brillo de su pureza. Ese par de ojos que observan más que cualquiera. Y estaban fijos en mí. Sólo en mí. Una mirada profunda y penetrante me estudiaba; entre dulzura y ternura me acariciaba, y se entregaba altivo. Casi me agradecía, no sé por qué, si en realidad yo soy quien le debe un agradecimiento. O más de uno. Espero habérselo transmitido al mirarlo. Sí, estoy segura que lo interpretó. Sus ojos lo decían. Lo reflejaban. A esa intensa mirada la acompañaban sus labios cerrándose sobre un cigarrillo, nociva costumbre, tal vez inspiradora; pero vicio que nunca me gustó. Y sólo a él se lo he permitido... sólo en él no me ha generado la típica repulsión o decepción que me invade.

Sus labios tensos sosteniendo ese cigarrillo. Casi en una sonrisa, casi derrumbándose. En el punto perfecto de tensión y equilibrio. Su ceño levemente fruncido en ese gesto de seriedad e inteligencia. De sabiduría y soltura. De libertad. Y sus cabellos peinados, ondeados, sueltos. Su sensibilidad en cada pelo que se balancea al lado del otro, y más todavía en aquel que se sale de la fila y refleja el sol.

Siendo sincera, esta vez me quedé con ganas de oír su voz. Ese grave y seductor timbre recitando palabras traídas desde lo más hondo del sentimiento, de la literatura y de la emoción. Alguna vez supo susurrarme al oído mágicas históricas. Ya no lo hace y hoy no lo hizo. Algún día volveré a oírlo, cuando de nuevo nos encontremos, seguramente sin habernos buscado.

Por ahora me quedo con su rostro frente al mío. Porque sé que nadie sabe cómo nos hemos mirado. Nadie imagina lo que hemos sentido y dicho con esa mirada. Nadie conoce el brillo en sus ojos que yo conocí. Y sé que a nadie más va a mirar como a mí me ha mirado.

4 comentarios:

Violeta Color dijo...

ay valebé, que hermoso.
Ay Valebé que encuentro.
Ay valebé, que me has recordado a un encuentro -sin buscarnos- que hace años me ha hecho emocionar hasta las lágrimas (ya te contaré)
Ay Valebé, que me hiciste inchar el cuerpo de congoja(si eso remite a lo que realmente me hiciste sentir)
Ay, pucha Valebé! Que se me puso la piel erizada.

(te abrazo)

Valèrie dijo...

...pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Bellísimas palabras Valen, y una detallada y realmente sentida descripción del momento.

Sole dijo...

No es fantástico? hoy voy a verlo. PD: hice un retrato de él hace un par de días, si me acuerdo lo llevo y te lo muestro hoy. Muy lindamente escrito.

María Beatriz dijo...

¡Qué momento!
¡Y qué bien contado!
Me quedo con la última frase y su certeza: "Y sé que a nadie más va a mirar como a mí me ha mirado."

Saludos