viernes, 13 de agosto de 2010

Y de repente, en algún punto, lo encontrás

El siguiente cuento surgió a modo de juego, que me propuso mi amigo Santiago en http://snotions.blogspot.com/2010/08/les-propongo-un-juego.html
Consiste, básicamente, en elegir una de las ideas propuestas y escribir un cuento. Luego, al comparar los resultados con los demás participantes, se encuentran resultados muy interesantes. Lean ahí las reglas, y si les interesa, están todos invitados, por acá, por allá, por donde sea.


Llegué a la esquina y tropecé con un hombre que se parecía mucho a mí, diría que casi era mi clon. No podía ser posible... ¡hasta vestía igual que yo!

Confieso que me asusté un poco, y en un segundo un montón de ideas atravesaron los rincones de mi acalorado cerebro. Estaba frente a un espejo. Algún empleado de alguna vidriería estaba caminando con un espejo a cuestas. No. Yo tenía cara de asustado y él sonreía. El calor me estaba sofocando demasiado, cerraría los ojos y no estaría. Apreté mis ojos y la repugnante imagen de mi clon sonriendo, justo en frente mío, siguió punzante. Sonreía. ¿Cómo podía estar sonriendo si acababa de quitarme mi apariencia física, casi mi identidad completa? ¿Cómo podía sonreír si yo era el verdadero portador de aquellos rasgos y él era una vil copia? ¿Lo era?

No sé cuántos segundos pasaron mientras nuestras miradas hacían contacto y nuestros cuerpos permanecían estáticos frente a frente. Noté ese brillo de satisfacción en sus ojos. Yo sólo emanaba celos, enojo, preguntas. No podía ser, esto realmente no era posible. Decidí ponerlo a prueba.

Levanté mi brazo derecho lentamente, porque en el izquierdo cargaba con mi portafolios (él también cargaba uno... ¡en la misma mano!) y lo saludé, sin poder ocultar mi curiosidad. Esbozó nuevamente su sonrisa malvada y me devolvió el saludo de la misma manera. Oh no, ¿ahora? Lo miré fijo con la intención de asustarlo o intimidarlo. Nada pude. Su mirada era aún más poderosa. Coloqué el brazo detrás de mi espalda para ver qué hacía y me sorprendió su voz:

- ¿Tratás de corroborar si soy tu espejo? –¿tengo que contestarle?, pensé. Tras mi silencio agregó- Dale, “Otro Carlos”, contestame. –No, esto definitivamente no podía ser.
- ¡¿Otro Carlos?! Mirá... yo no me llamo Carlos, ni soy otro de nadie, ¿entendiste?
- Pará un poco, aflojate. Estaba bromeando. Carlos, mucho gusto –dijo extendiéndome la mano. Dudé... pero nunca le negué el saludo a nadie, ni consideré que sería apropiado hacerlo.
- Hernán –contesté tímidamente mientras estrechaba esa mano tan parecida a la mía, y hasta con la misma temperatura.

Permanecimos otros incómodos segundos en silencio, mirándonos. ¿Cómo podía preguntarle todo lo que se me ocurría? Aparte... ¿quién era él para poder contestarme? ¿Por qué estaba tan tranquilo? ¿Acaso era mi clon? ¿Acaso tenía un gemelo y nunca me había enterado? Interrumpió mis preguntas:

- ¿Qué te pasa que estás tan tenso?
- ¿Encontrás alguna razón para no estarlo si estoy viendo a mi clon al frente mío?
- ¿Nunca te había pasado de encontrar a alguien igual a vos? A mí, es la segunda vez que me pasa. –me dijo, con la mayor tranquilidad del mundo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Cadáver exquisito!

BFL dijo...

esta barbaaaro !

Anónimo dijo...

tu post me recordó un libro que de momento no recuerdo como se llama pero ten por seguro que más adelante te dare el nombre y el autor... en ese libro dice que "Nemesis" es la parte opuesta de ti mismo... así como lo describes aqui...

Buena entrada
saludos!!

Anónimo dijo...

El autor es Louisa Cooper, el libro "Indigo"

Alfonsina dijo...

muy, muy buen relato, deberías hacerlo más seguido. Realmente me atrapó y se me ocurrieron mil interpretaciones distintas, la mayoría disparatadas porsupuesto pero bueno, supongo que de eso se trata.
Un saludo Vale!