jueves, 28 de agosto de 2008

Lo único que me queda de vos

Es tu ausencia, es tu hueco, es tu falta lo que hoy me tienen así. Que camino sola, que mi rostro ya no sonríe, que no escucho cuando me hablan, que mis ojos se desvían. Es que lo único que hago es hacer de cuenta que nunca te fuiste. No es una solución, no me mejora en nada, ni sé por qué lo hago, pero simplemente lo hago. Es lo único que me queda. En el silencio escuchar tu voz llamándome dulcemente y ver tu rostro al lado del mío cuando me veo en ese espejo. Ver tu cuerpo estirado sobre ese sillón y el mismo libro con el señalador en la misma página desde hace varios días. Sentir tu cuerpo rozando el mío en lo que ahora sólo es un hueco de sábanas con tu forma. Darle un beso al aire. Hablarle a tu ausencia, a tu fantasma, a tu imaginaria presencia, o lo que fuere que todavía me persigue. Almorzar mirando al perro hacer lo mismo y cenar con la radio encendida mirando las luces de esta ciudad vacía. Cantarle a la cortina de baño ese triste blues sabiendo que esta vez no me escucharás del otro lado. Y escuchar a la ducha desafinar tu nombre. Esperarte sabiendo que no vas a volver. Poner un solo plato en la mesa y hacer la tercera parte de todas las recetas sin nadie que me diga lo ricas que están las galletitas, sin nadie que me pida una tarta con merengue o un beso a media noche. Es lo único que me queda, lo único que puedo hacer. Que vuelvas, no creo que sea posible. Que yo siga muriendo en tu ausencia es lo más probable. Ahora es lo único que me queda y para no sentirme tan sola voy a pretender que todavía estás acá y voy a seguir buscándote en cada rincón de esta casa sin vida, con la mitad de muebles, con poca luz y sin alegrías.

3 comentarios:

Der Unbekannt dijo...

Triste, originalmente triste. Lograste sacudir mi atención.

Le Petit Prince dijo...

Lo poco que me queda de vos, es todo lo que no me dejaste.

Ale dijo...

Tambien quedan las alegrías, los momentos irrepetibles y únicos que vivimos con esa persona. Es cierto, ya no los podemos vivir nuevamente pero no por eso dejan de existir. Y aunque el recuerdo de todas las cotidianeidades a veces pese en demasía sobre nuestros días, bien cierto es que recordarlos hace que -al menos por un segundo- volvamos a tener la sonrisa que tuvimos cuando sucedió. Aunque luego se desintegre, aunque dure un momento. Y de esas pequeñas cosas es de las que tratamos de aferrarnos mientras se nos pasan los días sin su presencia.