lunes, 11 de mayo de 2009

Entre arañas y tiempo



¿Acaso nos hemos dejado estar?

¿Hemos esperado demasiado tiempo?

¿Nos hemos preocupado muy poco?

¿Los pájaros anidaron en nuestras cabezas?

¿Las arañas tejieron sus telas en nuestros rostros?

¿Acaso nos hemos quedado dormidos?

¿No hemos prestado suficiente atención?
¿No hemos actuado cuando debimos hacerlo?

¿Será ahora demasiado tarde?


Ph: Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires





viernes, 8 de mayo de 2009

Obligación: amanecer

Amanecer se torna obligatorio.

Abrir los ojos es necesario.

Vivir es indispensable.

Cual pájaro que abre sus alas para no caer

y sin darse cuenta hecha a volar.

Cual sonido aislado se desprende del instrumento

y de repente se convierte en melodía.

El sol más radiante.

La mirada más pura.

El vuelo más alto.

La melodía más bella.

(8/5/09)

Nuevo diseño del banner del blog. Y se preguntarán por qué el cambio del verde, del césped, de la naturaleza, a la ciudad. ¿Me habré transformado? ¿Acaso tan distinta soy para este cambio tan drástico y para poner de cabecera aquello que siempre me agobió? La ciudad sigue asfixiándome. Las multitudes y el ruido siguen molestándome. Pero esta ciudad es diferente. La ciudad vista desde el pie del cerro a las 7:30 de la mañana, es completamente diferente. Es poder verla sin estar dentro de ella. Ver cómo el sol se eleva de a poco, cómo me dice un “buenos días” cargado de energía, ver cómo llena de luz todo a mi alrededor y me envuelve en su perfecta tonalidad anaranjada realmente apasionante. Es ver la ciudad antes que ésta despierte. Antes de sus ruidos, de sus humos, de sus gritos, de su estrés, su locura y su acelere. Es despertar junto con el día, acompañada por el sol. Con ver esa enorme esfera asomándose en el horizonte ya se dibuja en mi rostro una sonrisa y mi día ya empieza de la mejor manera. Porque bellezas como la de un amanecer, hay pocas. Y las sensaciones al observarlo, son muchas.


Hoy me levanté con una frese pegada en mi mente, repitiéndose en mis oídos, adherida a mi ser. Y es la frase que disparó las palabras que inician esta entrada. Y es la frase con la que decidí acompañar la nueva cabecera de Fragmentos de mi alma. Porque un amanecer es algo increíble, que sigue sorprendiéndome, que no me cansa, que nunca muere. Y amanecer no sólo implica que el sol tenga la capacidad de elevarse cada mañana, o nuestra tierra de girar sobre sí misma. Amanecer es mucho, mucho más que eso.


«Ahí estás, justo en la línea del horizonte, transmitiendo tanta energía concentrada, con el naranja más puro, tu calor, tu fuerza. Llenándome con tu luz, iluminando mi día, acompañándome de nuevo, amaneciendo conmigo.» (6/5/09)


lunes, 4 de mayo de 2009

Modificación de una imagen por sustracción y adición

Como primer práctico de Lenguaje Visual I, a partir de la imagen de un rostro, llevamos a cabo dos procesos: de sustracción (quitando elementos hasta su abstracción geométrica) y de adición (agregando elementos según el tipo de imagen al que debíamos llegar). Les muestro mi trabajo. Son todas láminas A4 dibujadas y pintadas a mano, con lápices de colores.

Imagen original:




















Por sustracción:

Analogía fría con un acento cálido ----------------------------- Monocromía (+ geometrizado)




















Escala de grises (+ geometrizado) ----------------------------- Blanco y negro (abstracción)




















Por adición:

Imagen decorativa ------------------------------------------- Imagen dramática




















Imagen humorística ------------------------------------------ Imagen fantástica

viernes, 1 de mayo de 2009

Melodía del amor eterno

Un Ave María entonado angelicalmente se elevaba sobre la multitud, dejaba de lado toda trivialidad mundana y penetraba por mis poros, se apoderaba de mi ser, de mi alma y mi infinito. Todo era eterno. Esa voz era única, y lo podía todo. La más sublime belleza sonaba y corría por mis venas. Nada en mi cabeza, sólo eternidad. Aquella voz realmente trascendía entre los más variados universos. Ese ser a quien tanto quiero estaba sobre el altar e intercambiaba anillos con su hermosa compañera que vestía el blanco más poderoso. La pureza en vida. El amor más pleno demostrado. Dos seres bellos prometiéndose amor eterno y mis ojos se vidriaban al ritmo de fusas y corcheas que felices hacían vibrar la habitación en armonía. El flash de la filmadora detrás de aquellos rostros dibujaba el contorno de cada rasgo facial. Dos rostros que se hacían uno. Dos almas tomadas de la mano para siempre. Dos ángeles sobre el altar, y sus contornos blanquecinos delimitados por aquella luz los elevaba sobre todo lo presente. Más allá de todo lo existente. Y mis ojos lloraban los años de afecto, la cantidad de amor, la felicidad de ver un sueño cumplido, un amor plenamente correspondido, la melodía más perfecta, el blanco de la pureza, de eternidad, de trascendencia.

Esbozos escupidos en mensajes de texto borrador de mi celular mientras me dirigía de la Iglesia a la fiesta de casamiento de mi primo.

martes, 21 de abril de 2009

Cambios internos (reales o no)

Y desde ese momento las distancias son alcanzables,
las horas son más cortas y el dolor ya no se siente.
La duda ya no carcome la mente del analista,
la culpa ya no perfora el alma del inocente.
Lo lejano se convierte en cercano
y lo ajeno comienza a ser parte de sí.
La incertidumbre abandona el campo de batalla,
la confusión se marcha vencida.
Valor, seguridad, decisión y osadía, orgullosos
elevan espadas en señal de victoria.

lunes, 13 de abril de 2009

Volar

Cumplí con otro de mis pendientes. Me elevé sobre la tierra, dejé el césped debajo, muy debajo mío, contradije a la fuerza de gravedad y sentí el viento en mi cara. Simplemente volar no era mi intención; ya lo hice un par de veces en avión, pero la sensación no se compara. Bueno, sí, la voy a comparar diciendo que las sensaciones al despegar y al aterrizar son similares… pero las emociones y el resto de las sensaciones son muy diferentes.

Lo que yo quería era volar en algo pequeño, sin tanta tecnología y estudios mecánicos y eléctricos. Tampoco crean que soy una suicida. Quería sentir el vértigo, la sensación de estar en los aires, de ver el mundo desde allá arriba y sentir que el viento golpea mi cara. Sentir frío por la altura, dejarme a merced de las corrientes eólicas… simplemente volar, casi como un pájaro, volar.

Lo cumplí, y por eso te estoy enormemente agradecida. A vos, que lo hiciste posible. Me hiciste realidad un sueño. Desde lo más profundo, gracias.

Al enterarme de tal suceso próximo (muy próximo) a vivir, mi emoción fue muy grande. Parecía que los pirpintos* no sólo saltaban entre los pastos altos; también había varios dentro de mi estómago. Te vi elevarte y no podía creer que después sería yo la que estaría ahí arriba conociendo una nueva perspectiva. Me emocioné más todavía y ya estaba inquita.

Y llegó el momento. Mi momento. Me abrigué, y un pie, luego el otro, estaba sentada en aquella cómoda silla a cuadros rojos y verdes. El cinturón de seguridad que hace click y mi conductor sentado delante de mí también se sujeta, controla que esté todo en condiciones con una rápida mirada en la pantallita de aquel pequeño artefacto negro con números que no comprendo. ¿Lista? Lista.

La hélice que empieza a girar, cada vez más rápido, mientras el sonido se hace cada vez más fuerte y las ruedas aumentan velocidad. Nos desplazamos por el césped hasta la pista. Allí la velocidad es cada vez más rápida hasta que llega a un punto que se mantiene constante. Me daba la impresión que ante cualquier pozo en el suelo podía volcar, pero no se sintió ni una irregularidad; parecía la superficie más lisa de todas. Casi al final de la pista, media vuelta y volvemos por el mismo sitio en el sentido contrario. Ahora sí, con el viento donde debe estar, el traik llega a la velocidad máxima sobre la tierra, respiro profundo, mi pecho se infla, la emoción llega a la cúspide y mi sonrisa se hace amplia. Las ruedas comienzan a despegarse del césped y el traik se eleva rápidamente.

Sin desviar la dirección ascendemos metros y metros. La gente cada vez se ve más pequeña y las construcciones se alejan. Empiezo a divisar plantaciones que rodean al aeroclub, puedo ver sus perfectas líneas rectas. La ciudad de Metán (Salta) empieza a aparecer de a poco y me siento más cerca del sol a medida que me alejo de la gente. Logro acostumbrarme al movimiento brusco que de vez en cuando realiza el ala cada vez que el viento se acerca con fuerza. Movimientos que la primera vez me revolvieron los pirpintos en mi estómago y después se tornaron divertidos al sentirme segura con Jorge al mando de la nave.

Una vez que logramos cierta altura empezamos con las curvas todavía ascendiendo un poco más. Hacia un lado y el otro con leves movimientos del ala que nos guía. Me sentí un pájaro. No era yo quién manejaba el traik, pero iba a dónde nosotros queríamos, hacía lo que le decíamos, y volaba. Volaba como un pájaro, por encima de todo aquello en lo que estamos sumergidos todo el tiempo. Yo estaba arriba esta vez y lo veía todo. La ciudad con sus casas, calles, canchas de fútbol, la plaza, el cementerio, la iglesia. El mundo me pertenecía. A un lado las montañas sobre las cuales también pasamos, más allá plantaciones de todos los tonos de verde y dos ríos que cruzan la zona. Todo ante mis ojos. Desde los 400 metros de altura el mundo parece realmente otro. Volando a mi voluntad todo parecía insignificante y a la vez poderoso.

El viento todavía golpeaba mi cara y el frío allá arriba era bastante, pero no los sentía. Hacían la experiencia todavía más emocionante y era capaz de sentirlos toda la vida desde allá arriba, en ese estado. El sol que desde un punto era pleno, desde otro se escabullía entre las nubes y sus rayos iluminaban zonas específicas de la ciudad.

Después de veinte minutos de la más grande emoción, empezamos a descender de a poco. Contemplé tanto paisaje que no sé si alguna vez volveré a ver. Lo miré atentamente, profundamente y lo grabé en mi retina y en mi mente. Descendiendo, las sensaciones seguían, y ésta fue causada por siete teros que volaban sobre la pista de aterrizaje en línea recta, exactamente por debajo de nosotros siguiendo el mismo camino que nosotros seguiríamos en muy corto tiempo. Fue la primera vez que pude ver a estos animales desde arriba, y eso me hizo seguir sonriendo.

El tiempo llegó y las ruedas tocaron el césped nuevamente. A lo largo de la pista el traik disminuyó su velocidad y volvió al lugar de inicio. Todavía con la amplia sonrisa en mi rostro y sintiéndome realizada, me bajé feliz de la nave que me hizo sentir tan gratas sensaciones. Y vuelvo a agradecerte por la oportunidad.

*pirpinto: pequeña mariposa de color blanco.




jueves, 9 de abril de 2009

De idas y vueltas

De repente y después de tanto tiempo, tuve ganas de escribir, de escribirte, de escribirme. Quise expresarme, quise contar algo de todo lo que llevo dentro desde la última vez que agarré una lapicera con la misma toma que hace doce años aquella maestra de anteojos grandes no pudo corregirme. Con los dedos mal ubicados según ella, y cómodamente posicionados según yo, dejé algunos renglones rogando que alguien alguna vez los entienda y reconociendo, una vez más, las virtudes de poder decir en silencio sin siquiera abrir la boca.

Joaquín Sabina me canta que “ya nadie me escribe diciendo no consigo olvidarte”. Y yo lo repito. Y alguien más lo repite. Y me pregunto si realmente existirá ese alguien que no consigue olvidarme. Yo tengo alguien a quien no consigo olvidar. Y se lo digo, o se lo escribo, o lo callo, pero lo sabe. Sé que lo sabe. ¿Seré yo esa persona a quien alguien no consigue olvidar? Quizás sean todas simples palabras de compromiso. Quizás nadie realmente lo sienta. Pero yo lo siento. Yo siento que extraño mis palabras. Extraño las suyas.

Y sé que extraño. Aunque exista alguien que sea capaz de no extrañar. Sentir que necesito algo, que tengo ganas de algo nuevamente. Eso, para mí, es extrañar. Extraño personas, lugares, sentimientos, sensaciones, sonrisas, miradas, olores, emociones, situaciones. Soy una persona que extraña y cada tanto decide volver. A lo que dejé, a lo que descuidé, a lo que deseo volver. Pero también puedo dejar cosas atrás y no extrañarlas. Sé despegarme. Pero no me gusta hacerlo de todo.

Me alejé buscando mi silencio. Buscando otra cosa que quizás encontré, o quizás más me alejé de ella. Me alejé persiguiendo algo, o siendo llevada sin otra opción. O quizás porque no tenía ningún otro lugar al que ir. Quizás buscaba mi silencio. Quizás buscaba su silencio. El de ustedes. Quizás quería estar sola por un tiempo. Y llegué a extrañarlos. O buscaba alejarme, o buscaba acercarme. O quería pruebas, manifestaciones y hasta quizás revelaciones.

Mi lapicera se estuvo moviendo más que nunca. El teclado fue el que tuvo un tiempo de vacaciones. Por falta de tiempo, no reescribí. Pero seguramente no había un impulso tan poderoso que me llamara a hacerlo. Además ya no escribo como solía hacerlo. No soy la misma escribidora (como me dicen por ahí) de siempre. Nunca soy la misma de siempre. Soy una persona que cambia constantemente. Y no sé si es para bien o para mal. Sé que es un paso hacia delante, porque cambiando, avanzamos, siempre. Todo paso es un aprendizaje. Sólo sé que soy diferente. Sólo un poco diferente a lo que era.

No vuelvo porque me lo pediste. Ni porque decís que no conseguís olvidarme. No vuelvo porque te acercaste con el sólo propósito de retarme. Ni porque me dijiste “desaparecida”. No vuelvo porque ahora tengo más tiempo. Ni porque la inspiración volvió. Musa tuve, y aún tengo. No vuelvo porque me dijiste que no podías creer que lleve tantos días sin publicar. Ni porque decidí reescribir lo que está manuscrito. No vuelvo porque necesito mis tardes de lectura de blogs. Ni por lo que disfruto cada comentario que me hacen. No vuelvo para que mis ojos pidan más descanso del monitor cada vez. Ni para saber de sus vidas nuevamente. No vuelvo porque extraño la blogósfera.

Simplemente vuelvo. Con todos y a la vez ninguno de esos pretextos. Quizás no tanto por vos, también por mí. Vuelvo con fragmentos que se iniciaron en un cuaderno de tapa azul, y otros que acaban de surgir. Vuelvo con nuevos fragmentos de mi alma.