lunes, 13 de abril de 2009

Volar

Cumplí con otro de mis pendientes. Me elevé sobre la tierra, dejé el césped debajo, muy debajo mío, contradije a la fuerza de gravedad y sentí el viento en mi cara. Simplemente volar no era mi intención; ya lo hice un par de veces en avión, pero la sensación no se compara. Bueno, sí, la voy a comparar diciendo que las sensaciones al despegar y al aterrizar son similares… pero las emociones y el resto de las sensaciones son muy diferentes.

Lo que yo quería era volar en algo pequeño, sin tanta tecnología y estudios mecánicos y eléctricos. Tampoco crean que soy una suicida. Quería sentir el vértigo, la sensación de estar en los aires, de ver el mundo desde allá arriba y sentir que el viento golpea mi cara. Sentir frío por la altura, dejarme a merced de las corrientes eólicas… simplemente volar, casi como un pájaro, volar.

Lo cumplí, y por eso te estoy enormemente agradecida. A vos, que lo hiciste posible. Me hiciste realidad un sueño. Desde lo más profundo, gracias.

Al enterarme de tal suceso próximo (muy próximo) a vivir, mi emoción fue muy grande. Parecía que los pirpintos* no sólo saltaban entre los pastos altos; también había varios dentro de mi estómago. Te vi elevarte y no podía creer que después sería yo la que estaría ahí arriba conociendo una nueva perspectiva. Me emocioné más todavía y ya estaba inquita.

Y llegó el momento. Mi momento. Me abrigué, y un pie, luego el otro, estaba sentada en aquella cómoda silla a cuadros rojos y verdes. El cinturón de seguridad que hace click y mi conductor sentado delante de mí también se sujeta, controla que esté todo en condiciones con una rápida mirada en la pantallita de aquel pequeño artefacto negro con números que no comprendo. ¿Lista? Lista.

La hélice que empieza a girar, cada vez más rápido, mientras el sonido se hace cada vez más fuerte y las ruedas aumentan velocidad. Nos desplazamos por el césped hasta la pista. Allí la velocidad es cada vez más rápida hasta que llega a un punto que se mantiene constante. Me daba la impresión que ante cualquier pozo en el suelo podía volcar, pero no se sintió ni una irregularidad; parecía la superficie más lisa de todas. Casi al final de la pista, media vuelta y volvemos por el mismo sitio en el sentido contrario. Ahora sí, con el viento donde debe estar, el traik llega a la velocidad máxima sobre la tierra, respiro profundo, mi pecho se infla, la emoción llega a la cúspide y mi sonrisa se hace amplia. Las ruedas comienzan a despegarse del césped y el traik se eleva rápidamente.

Sin desviar la dirección ascendemos metros y metros. La gente cada vez se ve más pequeña y las construcciones se alejan. Empiezo a divisar plantaciones que rodean al aeroclub, puedo ver sus perfectas líneas rectas. La ciudad de Metán (Salta) empieza a aparecer de a poco y me siento más cerca del sol a medida que me alejo de la gente. Logro acostumbrarme al movimiento brusco que de vez en cuando realiza el ala cada vez que el viento se acerca con fuerza. Movimientos que la primera vez me revolvieron los pirpintos en mi estómago y después se tornaron divertidos al sentirme segura con Jorge al mando de la nave.

Una vez que logramos cierta altura empezamos con las curvas todavía ascendiendo un poco más. Hacia un lado y el otro con leves movimientos del ala que nos guía. Me sentí un pájaro. No era yo quién manejaba el traik, pero iba a dónde nosotros queríamos, hacía lo que le decíamos, y volaba. Volaba como un pájaro, por encima de todo aquello en lo que estamos sumergidos todo el tiempo. Yo estaba arriba esta vez y lo veía todo. La ciudad con sus casas, calles, canchas de fútbol, la plaza, el cementerio, la iglesia. El mundo me pertenecía. A un lado las montañas sobre las cuales también pasamos, más allá plantaciones de todos los tonos de verde y dos ríos que cruzan la zona. Todo ante mis ojos. Desde los 400 metros de altura el mundo parece realmente otro. Volando a mi voluntad todo parecía insignificante y a la vez poderoso.

El viento todavía golpeaba mi cara y el frío allá arriba era bastante, pero no los sentía. Hacían la experiencia todavía más emocionante y era capaz de sentirlos toda la vida desde allá arriba, en ese estado. El sol que desde un punto era pleno, desde otro se escabullía entre las nubes y sus rayos iluminaban zonas específicas de la ciudad.

Después de veinte minutos de la más grande emoción, empezamos a descender de a poco. Contemplé tanto paisaje que no sé si alguna vez volveré a ver. Lo miré atentamente, profundamente y lo grabé en mi retina y en mi mente. Descendiendo, las sensaciones seguían, y ésta fue causada por siete teros que volaban sobre la pista de aterrizaje en línea recta, exactamente por debajo de nosotros siguiendo el mismo camino que nosotros seguiríamos en muy corto tiempo. Fue la primera vez que pude ver a estos animales desde arriba, y eso me hizo seguir sonriendo.

El tiempo llegó y las ruedas tocaron el césped nuevamente. A lo largo de la pista el traik disminuyó su velocidad y volvió al lugar de inicio. Todavía con la amplia sonrisa en mi rostro y sintiéndome realizada, me bajé feliz de la nave que me hizo sentir tan gratas sensaciones. Y vuelvo a agradecerte por la oportunidad.

*pirpinto: pequeña mariposa de color blanco.




12 comentarios:

Agus-tincho dijo...

increíble!
Cumpliste un sueño de muchos... Volar, lo describís tan bien... que belleza, que increíble. Me encantaría hacer algo así, pero para esto están los blogs, para sentir puñados de vivencias, emociones sentimientos cuando las palabras están pintadas con pinceles perfectos.
Un arbazo!
Tincho

chuc dijo...

tremenda experiencia mujer!

creo que en tu sonrisa se escriben más palabras que en el blog.

congratulaciones!!!!!

Mario Albarracín dijo...

Increible, que lindo. Te envidio (sanamente, je!)

India dijo...

vos tas loca locaaaaaaaaaa! mi hermano tb quiere hacer eso!
deoss mio!
me alegra que lo haya disfrutado!
a mi ni amarrada me suben ahi jaja

besote

Anónimo dijo...

...Los pirpintos posados por ahí tienen un colrcito gris, opaco e indiferente.. lo maravilloso está cuando abren sus alitas y despegan, entonces muestran la pureza de su blanco que brilla con el reflejo del sol...

Anónimo dijo...

esas fotos tienen copyrigth...

Valebé dijo...

Sabía que eras vos! Pude encontrarte entre letras y espacios del primer anónimo.
Si optás por ser anónimo para comentar... quizás las imágenes también quieren serlo. Pero sé que tenés el copyright. Y no sólo de las fotos.

Anónimo dijo...

Que belleza, como decis que lo viviste a mi me da gana de volar tambien, pero por parte tengo un poco de miedo.... quizas sea una experiencia unica que algun dia lo quiera vivir....

Anónimo dijo...

Reconocería tus frases en medio de una biblioteca sin fuerza de gravedad...

Valebé dijo...

Y yo tus metáforas

Lucila dijo...

jajaja ese tipo es un chisteee!! yo tmb volé con él!...te mostro el avioncito amarillo? una LOCURA!!
esta bueno lo del trike..pero no se si lo repetiría, me pareció que le falta adrenalina

nos estamos viendo vale! suertee
que estes bien! ^^

Valebé dijo...

Mi próxima aventura es parapente, que eran mis planes, pero surgió esto antes. Y sí, un ídolo el tipo.