miércoles, 19 de octubre de 2011

El fin del vuelo


Yo tenía que llegar allí a tiempo. Esta vez no podía llegar tarde como la anterior. Tenía que llegar en buenas condiciones y dispuesta a poner todo de mí, a transpirar, a trabajar. Me vestí, preparé mi mochila y con una rápida mirada en ese viejo espejo me aprobé como “presentable”. Cerré la puerta tras de mí y encendí el motor de mi traik*. Un minuto de calentamiento, la pesada mochila bien asegurada en mi espalda, y emprendí el vuelo. De a poco elevé mi máquina, aumentando paulatinamente la velocidad. Casas, jardines y calles se dibujaban y desdibujaban bajo mis pies.  Las personas creaban sus caminos ahí abajo, cual hormigas entre el polvo, y yo el mío entre las nubes, en lo alto, donde no hay tanto ruido. Volaba, seguía, avanzaba, cada vez más cerca del sol y de todo lo que tenía que hacer cuando llegara a destino.

Abrí mis ojos de repente y distinguí entre manchas y formas difusas, algunos árboles, nubes y rostros. Mientras trataba de que mis pupilas enfoquen sin que el sol las lastime, empecé a escuchar voces y preguntas. Estaban preocupados, me preguntaban si yo me encontraba bien. Y ahí me di cuenta. Giré mi cabeza hacia la derecha y estaba mi traik destrozado, con todas sus partes dispersas por el césped.

No sé si me dormí durante el viaje con todo el sueño que acumulo últimamente, no sé si me desmayé con lo poco y mal que vengo comiendo, no sé si algo se rompió en mi máquina con lo poco que sé de mecánica. Sólo sé que yo manejaba, cuando de repente me encontré hundida en el césped, toda dolorida. Supe que no era la primera vez que me sucedía, pero nunca supe si lo había soñado, si lo había vivido, o si lo había soñado dentro en un sueño. De lo que sí estaba segura era que a eso, ya lo había vivido y sobrevivido antes.

*Traik: máquina que vuela, parecida al aladelta, con asiento, motor y ruedas. Se puede volar de a una o de a dos personas, siempre el que maneja debe saber y tener experiencia. Muy poco difundido, se lo practica como deporte o para paseos, en Mancopa (Leales, Tucumán) o Metán (Salta).

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