lunes, 8 de febrero de 2010

Por no decir que te extraño

Me sobran las manos
Si ya no puedo tocarte
¿Para qué las quiero,
Si sólo saben extrañarte?

No quiero mis ojos
Caídos, perdidos, solos
Si no está tu mirada
Que sólo puede elevarlos.

Mi alma se desgarra
Grita e implora mi corazón
Tu ausencia me arde y
Un vacío enorme exige tu voz.

Sé que...

...por fin esta noche vas a entrar por mi ventana y secarás mis lágrimas.

domingo, 7 de febrero de 2010

Tendencia ¿optimista?

Mi mente siempre tuvo una fuerte tendencia al optimismo. Últimamente, tiendo a ser depresiva y masoquista, sin embargo, el optimismo suele mantenerse, pero ya no sé con qué frecuencia o potencia.

sábado, 6 de febrero de 2010

Una ola. Vos.

Que te traiga el mar y te deje en silencio a mi lado, como lo hace con el caracol que queda en la orilla con la última ola alta de la madrugada. Que amanezcas, por fin, a mi lado.

viernes, 5 de febrero de 2010

El lado oscuro del verano

¿Es así como se supone que deba sentirme? Te me estás escapando por los poros de esta deseosa piel que se ha cansado de esperar(te). Rompen las olas cada vez con más furia. Ya no me molesta que el viento me siga despeinando; ahora éste me aturde. He buscado un refugio varias veces y no logro encontrarlo (¿encontrarte?). ¿Es acaso éste el lugar que me impide sentir? Sé que el viento puede revolcarme entre tanta arena. Soy tan débil, que ya no me reconozco. He preferido retorcerme bajo la lluvia, contemplar la bruma y la espuma de cerca, pero no hicieron más que mojarme y entumecer mis pies. No hay música, no hay colores. Las aguas se elevan, rugen, y lo que era celeste se tiñó de un sucio gris. No hay horizonte, todo se ha difuminado ante mis ojos. No existen las fechas ni los planes. No hay certezas ni palabras que reconforten. Mis pies se hunden en la arena y me voy con aquella ola. Me voy. Me voy donde tal vez, esta vez, pueda volver a encontrarte.

La historia se repite (o se asemeja)


Y aquí estoy por fin. Después de tantas preguntas, cálculos, balanzas, planes y decisiones. Volví a donde quería estar. ¡Cuánto extrañaba esto! Casi no me daba cuenta.

Acá estoy de nuevo sin más compañía que una mochila y un par de ojotas. Una mochila con un cuaderno, una lapicera, varios lápices, un libro, un par de anteojos, una cámara de fotos y un silbato naranja.

Cruzo mis piernas en la posición de indio, estiro mi espalda alta, enorme, me hago grande con el olor a mar que llena cada partícula de mi cuerpo. Mis ojos directos en esa enorme masa azulada de agua. Brilla. Es tan inmensa y brilla porque el sol ahora sólo existe para ella. Y para mis ojos.

La arena se abre paso entre los dedos de mis pies y todo se amolda en perfección. En pura armonía. Tímidamente las olas se acercan a donde me encuentro y de a poquito el sol se va llevando su brillo. El cielo se tiñe de anaranjado y la brisa me despeina. Mueve algunos pequeños granitos de arena, y a otros les permite volar.

Ya somos pocos los que quedamos y puedo dibujar(te) y escribir(te) en la arena. Con mi pie, con mis manos. Nadie me espía. La playa es mía.

Reencuentro

Frente a vos me detengo y te observo. Empiezo en tus ojos. Me enredás en una mirada. Estoy aun un poco más nerviosa. ¡Qué profunda es todavía tu mirada! Casi lo olvidaba. Mi respiración sigue agitada, tu pelo un poco despeinado, tus brazos, tus piernas y esa panza que siempre me ha gustado y ahora no puedo ver a través de tu remera. Qué bien que te queda. Me pongo aun más inquieta. Vuelvo a tus ojos. Sonreís. Me mudo a tu boca. Esa sonrisa sigue siendo tan perfecta y poderosa como siempre. Quizás aún mejor de lo que recordaba. Caigo. Me dejo caer. ¡Cuánto te extrañé!