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jueves, 7 de junio de 2012

Abismos

Retomando este espacio, con letras que ya tienen cinco meses, que escribí desde el mar.

Estoy en ese vertiginoso segundo de silencio entre dos acordes. El que en tan poco tiempo promete abrir tus venas y hacerte explotar. El que explota sin pedir permiso, o sin darte tiempo a responder. Estoy en el grito a toda voz que le falta una bocanada para quebrar el silencio. Estoy en el delgado hilo que todavía une los dos extremos de la cuerda. Estoy en la ola que sigue avanzando siempre a punto de romperse. Estoy en el mar, que de tanto mecerse, ya se ha mareado. Estoy en ese pedacito de caracol que llega a la orilla y se entierra por fin, para quedarse quieto. Se hunde en la arena con las últimas brazadas, para refugiarse y esperar que algún niño curioso lo encuentre, lo desentierre y lo lleve, orgulloso, como su nuevo tesoro. Lo muestre, lo luzca, lo viva. Para cuidarlo, para abrigarlo, para curarlo.

lunes, 6 de febrero de 2012

Sueños desordenados

Estos días los sueños se me desordenaron.
Curioso, justo mi vida se estaba ordenando
y yo ya tenía lo que quería en mi bolsillo.
La gente y sus historias hicieron ebullición,
se me aparecieron a deshoras
y hasta me desordenaron la estantería.

Soñé con gaviotas y aviones en el aire,
con abrazos sin miedo y pistas de patinaje.
Soñé que nunca más volvería a amar,
que mi hombrecito lloraba en mis brazos,
que mi abuelita se despedía sonriendo.

Soñé con sus manos, con mis zapatillas,
con un gato azul entre muchos amarillos.
Soñé que nadaba a mar abierto,
que entraba a una casa que no es mía,
que besaba a alguien, que me retaban.

Y soñé con un abrazo, con un beso en mi nariz,
con la calma de una voz y con el infinito.
Soñé con un hilo de luz interminable,
con la dulzura que rebalsa de alguna piel.

Soñé estrellas,
soñé viento,
soñé multitudes,
y no tuve miedo.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Un solo nudo

No entiendo muy bien qué es lo que ha pasado, pero se me arremolinaron los colores aquí dentro. Se enredaron cual finos hilos, se mezclaron, se anudaron y no dejan que la vida siga deslizándose con ellos. Todo se me hizo un solo nudo y no sé por dónde empezar a desarmarlo. Tiro de un lado y más se enreda. Tiro del otro, y lo veo a punto de romperse. Ya no sé, te juro que no sé.

Algo me hace eco en el pecho, me siento vacía, me siento oprimida. Un dedo desde lejos me señala, mientras el mío busca el huequito por donde todo se debe haber filtrado. Tiene que haber uno, ¿verdad? No se me puede haber escapado tanta luciérnaga sólo por la boca y las orejas.

Se me atragantan las palabras que no sé decir. El miedo no deja que lo que siento se convierta en voz. El mismo miedo me agarra las manos y adormece mi lengua. Y nada puede salir. Tampoco puedo besar. Y todo es otro nudo, esta vez en mi garganta. Garganta que hace ruido, que se hincha, que explota. De nuevo el miedo se encarga de retener mis lágrimas. De acumularlas adentro para que hagan más bulto, más raspones, más nudo.

Hasta que caigo.

Y me aturdo en el suelo aún con la cabeza entre tanta almohada.

Los ojos se me nublan, el cielo tiembla, el cuerpo se me resbala, el alma se me rebalsa.

Del hilo de un globo azul me quiero agarrar. Que me vuele lejos, que me soples vos y guíes mi vuelo. Si querés, puedo amoldarme al frío y lloramos de la mano allá, en el círculo polar. O nos escapamos al sur sin dejar ninguna nota en la heladera.

Los pies entumecidos, el peinado que a vos te gusta y todo lo que me quedó entre las manos.

Las ganas de reír, el abrazo que no quiere soltarte y todo lo que me queda por decir.

El impulso, el valor, el saltito, el charco, el ratito y todo lo que queda por descubrir.

El nudo que me sube y me baja, que enseña y aprende, que te busca a cada instante, pero que no te quiere anudar.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Perfora hasta el fondo

Primo, acá te dejo todas mis fuerzas.

Así es la muy indiscreta. Just like this. Te pincha por todos lados, te clava agujas una por una, chiquitas y dolorosas, en la muñeca, en el pecho, en la frente, en el tobillo. Las clava y las mueve, hace que las sientas, hace que te duelan, que te quemen, que te perforen hasta atravesar, que te arda hasta el alma, que te sangre hasta el hueso. Y cuando ya no tenés de dónde agarrarte, cuando ella se entera que no sabés para dónde correr, viene de nuevo y se apodera de tu preferido. Juega con él, le hace lo que quiere y lo destroza. Donde sabe que duele. Donde sabe que te duele. Viene como dueña del mundo y se mete en vos, en él, en lo que crearon. Y así es la muy injusta. Te toca una parte de tu alma. Te rompe en pedazos la poca calma que quedaba. Te destroza sin piedad el lugarcito de paz y de miradas que no necesitan palabras. Te quiebra hasta el abrazo. Te arrastra a su antojo las ideas, la teoría y la esperanza. Hace débil al fuerte. Da y quita como se le antoja. No sabe de la fuerza, ni del valor, ni del peso sobre la espalda. No sabe de sonrisas, ni de la paz, ni de amanecer. Así, así es, y así aparece y maltrata. Quiebra, araña, destroza, calcina. Y se va. Se va mirando hacia el costado, frotándose las manos y dejándolo todo detrás. Haciendo de cuenta que acá no pasó nada. Pretendiendo que siga igual lo que nunca podrá volver a ser.