lunes, 17 de septiembre de 2012

Llanto de soledad

Es el silencio de la casa, una gata que no sabe más que estar en mis brazos, es cocinar siempre la misma comida. Es el niño que me hace acordar a mi niño con sus pasos ruidosos sobre mi cielo raso, son los chistes tontos que ya no tengo para criticar, es el buen día que ya no tengo a quien exigirle, y el buenas noches que nadie se queja si no digo. Es el silencio. Son las horas en los relojes y en las paredes. Es el frío que se filtra por debajo de la puerta con tu perfume, es la noche que cada vez demora menos en llegar y cada vez dura más.

Son las ganas de llorar, la falta de escribir, la voz que no susurra mi nombre, los pasos ya sin eco. Soy yo, mi gata y algún libro. Soy yo, tu ausencia y mil preguntas. Un sueño que no logramos tocar con las manos, una promesa que no se cumplió y la sed de no-sé-qué que se me escapa por la punta de los dedos.

3 comentarios:

Ale dijo...

Es todo, todo! un mundo que se nos viene encima por tenerlo tan latente. Pero pensá que el mismo llanto y la misma angustia son parte del mismo paisaje, lleno de cosas lindas y otras no tanto. Si duele tanto es porque existió algo hermoso, esté o no ya con nosotros.

Y aunque hoy todo duele y tiene sus marcas, es necesario atravesar por esa marea de sensaciones para lograr inflar el pecho y respirar un nuevo aire, te lo aseguro :)

Jorge Ampuero dijo...

Texto que me suena a la rutina de nuestro propio laberinto que se nos escapa de las manos.

Besos ;-)

Anónimo dijo...

excelente. por fin.