sábado, 22 de enero de 2011

No te vayas II

Salió sin querer, a dos años del I

No te vayas. Dale, una vez dame con el gusto. No quiero extrañarte como sé que lo voy a hacer. Dale, quedate conmigo. Quedate en mis brazos. Quedate un ratito. Metete acá, bajo mis sábanas. Enroscate como te gusta y perdete entre sus pliegos. Hacete un nudo que no te deje escapar. Y así cuando yo levante el cubrecamas, encuentre tus ojitos brillando al mirarme. Tu sonrisa a media marcha cuando recién te despertás. ¿Puedo guardarte en mi repisa? No quiero soltarte. ¿En un frasquito entonces? ¿Puedo meterte en una canastita? ¿En la caramelera llena de dulces de colores? La vas a pasar bien, estoy segura que es muy cómoda. Y podés comerte los caramelos que quieras. Y si no encontrás de los masticables de cereza prometo ir a comprarte. Pero no te vayas. Dale, dame un beso más. Abrazame un ratito más. Bueno, está bien. Pero sólo te advierto que tu bolso va a tener que pesar un poco más. No me corras. Dejame que me quede. Quiero ir con vos. Te prometo que me voy a portar bien. Te voy a mirar en silencio. No voy a dejar que nadie me vea. No, de verdad. Prometo estar callada. Acordate que siempre soy la mejor jugando a las escondidas. Y acordate cómo renegás de mis silencios. Dale, dame con el gusto. No quiero extrañarte. No quiero dejarte. ¿Sí? ¿De verdad? ¡Qué lindo, gracias! Claro que estoy lista. ¿Cuál bolsillo está más desocupado? El de las medias me gusta, estoy segura que va a ser el más cómodo.

3 comentarios:

Zoe dijo...

Qué bien...
Hace un tiempo también escribí un llevame...que es en realidad un quedate frustrado...
De todas maneras se siente raro, es como librarse del peso y largar las alas, irse a donde sea pero bien acompañada :)

un beso!

Rock & Roll dijo...

Cuando llegué al hotel después de ese viaje incómodo y largo, me senté sobre la cama y aflojé mis cordones. Ya por fín sabía donde estaba,cuán lejos... Llevaba conmigo tu último abrazo, uno de esos profundos y eternos y se dibujó en mi cara una de esas sonrisas de media máquina.
Cuando fuí a cambiarme te escuché, estabas dormida y tu respiración llenaba la habitación, estabas cerca y comencé a buscarte debajo de la cama, en el placard, en el cajñon de la mesita de luz y entre las hojas de mi Ana Karenina. Séguía escuchándote sin encontrarte y te recordé sentada en la cama suplicando con tus ojos grandes, tan inmovil entre mis preparativos mientras doblabas mi ropa con la más tierna paciencia. Entonces se me ocurrió buscar entre esas prendas que tanto te gustan, donde apoyás tu mejilla y te dejás caer en el sueño. Justo entre las medias blancas de algodón dormías con la belleza intacta, exactamente la misma que vi el día de mi partida.

María Beatriz dijo...

Cómo te entiendo...Cuando uno está enamorada es difícil la distancia...(Es que si él no está ¡siento que me falta el aire!)

Espero que no sea por demasiado tiempo...
Me gustó mucho tu post.

Saludos