martes, 5 de julio de 2011

Un par de genios



De ser bastón
o anteojos negros.
Corbata a rayas
o camisa roja.
Un par de pares
de dedos cruzados.
Un par de pares
de piernas cruzadas.
Y tanto, tantísimo en el medio.
Inmensos, universos, genios.
Túneles, laberintos, máscaras.
Belleza, palabras, paciencia.
La inmortalidad misma sentada
sobre una pirca de cemento.

Ph: Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, google.com

martes, 28 de junio de 2011

Otoño, charcos y una botamanga salpicada

Era un frío día de otoño, y ella caminaba sin apuro bajo un débil sol que recién comenzaba a elevarse. Iba a donde ya ni ella recuerda; sólo sabe que no tenía apuro y se detenía atenta ante cada hoja anaranjada y rojiza de los árboles ya teñidos. Un pie y luego el otro, esquivando pequeños charcos sobre el suelo, pero salpicándose cada tanto la botamanga del pantalón. Baldosas irregulares y césped húmedo a su alrededor, cuando de repente se detuvo mientras miraba la única nube que quedaba en aquel manto celeste. No, nada había de extraño en esa nube, pero sin querer acababa de susurrarle algo al oído con una esponjosa y blanca voz.

Llevaba semanas buscando algo que hasta ese momento, no había logrado saber qué era. Lo buscó en el hueco de la pupila de aquellos ojos verdes, en la punta de esas pestañas oscuras, en el hueso de aquella cadera, en el medio de su ombligo y hasta debajo de ese enmarañado cabello. Pero no logró hallar ni una pista. Algo faltaba... o tal vez algo sobraba. Nadie más que ella podría saber qué exactamente, pero la búsqueda se hacía cada vez más difícil. Y como decía la abuela, apenas ella dejó de buscar, la respuesta se transformó en nube esa mañana de otoño.

Volver, quería volver. Daba toda su colección de monstruos de plastilina por volver. Daba hasta el globo aerostático de colores que colgaba en su habitación con tal de sentir otra vez lo que sentía meses atrás. Con tal de volver a verlo de la misma forma, con tal que sus caricias vuelvan a ser tan suaves como antes. Quería su voz de nuevo. Sus palabras en su oído. Pero el tiempo había pasado, las aves ya habían dejado de cantar y estaban ahora escondidas en sus nidos. El otoño había llegado y ella no podía hacer nada con eso.



A lo lejos se veían dos niños a los que era evidente que no les molestaba el frío y que aquella solitaria nube no los había puesto melancólicos. Qué suerte los niños, siempre saben saltar y correr y nadie puede detenerlos cuando quieren jugar. Evidentemente estos dos estaban bastante divertidos arrojando algo al aire y corriendo a buscarlo para que el otro también lo lance y así una y otra vez. Qué juego monótono, pensó ella. Pero qué felices se ven.

De a poco fue acercándose a donde los niños reían y corrían sobre hojas caídas que crujían al ser pisadas. Luego de salpicarse con un par de charcos más, recién pudo identificar aquello con lo que los niños jugaban: era un boomerang*. Qué curioso, pensó, ya no se ven niños jugando con este tipo de cosas. Recordó cuando era pequeña, una tarde había tenido uno en sus manos y se pasó varias horas tratando de arrojarlo y que éste volviera, pero nunca lo logró. Terminó cansándose y confesando que era un juguete muy difícil de usar, por ende, aburrido. Y estos dos niños no podían lograr que su boomerang regresara, pero igual estaban tan divertidos... ¡admirable!

Encontró un rinconcito seco sobre una enorme raíz de un árbol y allí se sentó a contemplarlos. El más pequeño agarraba el boomerang, lo ubicaba entre sus dedos, arqueaba su brazo y cuerpo hacia atrás y con fuerza lo arrojaba. Se desprendía de su mano, volaba hacia adelante, y cuando perdía fuerza, simplemente caía. Entonces salían los dos corriendo, y el más grande lo levantaba, lo acomodaba ahora él en su turno entre sus dedos y lo arrojaba hacia otro sitio. Y corrían los dos riendo otra vez. Y reían los tres bajo ese sol de otoño que cada vez calentaba un poquito más.

Luego de un largo rato con los niños, ella se levantó, se sacudió el pantalón y volvió a emprender su camino con las manos en los bolsillos, mirando las hojas de todos colores, el sol que se filtraba entre ellas y una enorme sonrisa entre los labios. Al fin y al cabo, son pocos los que han aprendido a arrojar un boomerang y que éste vuelva. Que se vaya lejos y correr con él es divertido y hasta más emocionante y exigente.

* El boomerang (transcripción directa de la pronunciación aborigen de Australia), búmeran o bumerán es un arma que tras ser lanzada regresa a su punto de origen debido a su perfil y forma de lanzamiento especiales.

jueves, 23 de junio de 2011

domingo, 15 de mayo de 2011

Se hace tan difícil

Todo se me hace más difícil desde que no estás. Doy vueltas en la cama largas horas hasta que el dolor se hace insoportable y el sueño insostenible. Entonces recién de madrugada caigo en irregulares y espantosos sueños que sólo logran alterarme. Duermo entrecortado y a veces me despierto gritando, otras con lágrimas en las mejillas, y tantas otras susurrando tu nombre. Estirando mi mano hacia el aire, pensando que estoy a punto de rozarte. Y vuelvo a darme cuenta que no estás. Que tu voz ya no resonará en mi oído al verte partir, que tus manitos no buscarán apoyo en las mías. Ya no me sentaré al sol a contemplarte ni a escucharte.

Ya no vas a pasar tus deditos por el cuello de mi gato cuando éste se enrosque entre tus piernas. Ya no vas a mencionar mi nombre en diminutivo desde lejos, ni vas a ir en busca de mi ayuda. Tus ojitos no van a arrugarse cuando les dé el sol de frente, ni vas a comentar en voz alta sobre el olor de los jazmines.

Se me hace tan difícil desde que te fuiste llevándote todo aquello que me pertenecía... Se me hace un hueco al imaginar que el teléfono sonará ahora la mitad de veces, porque casi siempre eras vos. Con tu dulce voz.

No puedo caminar por las calles sin imaginarte, buscarte y crearte. No puedo concebir que te hayas ido de esa manera, que hayas partido. No quiero creerlo, y mucho menos entenderlo. Por ahora, no puedo de otra forma.

[Revolviendo viejas letras... encontré este fragmento.]

sábado, 7 de mayo de 2011

Dejate volver

Voy a volver a besarte a escondidas. En un suspiro apurado, apretado, amenazado, decir ese nombre que no es el tuyo aunque tantos enamorados lo repitan. Hoy más que nunca podré decirlo, regalártelo, coserlo a la inmensidad de tu ser. Despacito y de a poquito volveré a poseerte, sentirte, besarte. Amarte a escondidas, amarte entre letras y chocolate. Voy a volver a dibujarte bajo las yemas de mis dedos. Sumergirme en tu cuero sin pensar en el después. Succionarte en una bocanada que me infle, me aliviane, me golpee contra tu alma. Que de un solo impacto nos contagie y nos impulse. Voy a volver a elevarte, a romperte, a crearte. Dejate caer, dejate vencer, dejate ser vos. Voy a volverme adicta, subir a la cima y quedarme en tu piel. Dejate llevar, dejate amar, dejate sentir, reír, desear. Dejate volver.

sábado, 30 de abril de 2011

Sos una de mis razones

-El mundo es una porquería.
Martín reaccionó.
-¡No, Alejandra! ¡En el mundo hay muchas cosas lindas!
Ella lo miró, quizás pensando en su pobreza, en su madre, en su soledad:
¡todavía era capaz de encontrar maravillas en el mundo!
Una sonrisa irónica se superpuso a su primera expresión de ternura
haciéndola contraer, como un ácido sobre una piel muy delicada.
-¿Cuáles?
-¡Muchas, Alejandra! –exclamó Martín apretando una mano de ella 
sobre su pecho-. Esa música… un hombre como Vania… 
y sobre todo vos, Alejandra… vos…

Tx: Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas | Ph: google.com | Edición: Valebé

jueves, 21 de abril de 2011

Robo

Voy a confesarte que anoche te he robado algo más que un beso. Por miedo a que te vayas. Por miedo a que no vuelvas. Para darte una excusa. Para volver a llamarte.