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lunes, 18 de junio de 2012

La verdad del mar


El mar siempre dice la verdad. A veces en secreto, como un susurro que nace en el interior de un caracol, y otras a los gritos, como el escándalo de cada ola que rompe justo sobre mis pies. Pero siempre, siempre dice la verdad.

lunes, 26 de marzo de 2012

Algunos lugares

Había muchos lugares en mi ciudad,
y muchos más en el resto del mundo.
Unos más lindos que otros,
unos más libres, otros menos poblados,
unos más azules, otros menos nombrados.

Había muchos lugares que yo transitaba,
que caminábamos,
que besábamos,
(que nos besábamos).
Lugares de día, de noche, de tarde,
y a veces también de madrugada.

Lugares en los que empecé a esconder,
a resguardar,
a enterrar por cuidar
algunos álguienes.

Alguien de un color, alguien de otro,
alguien de jean, alguien de piel,
alguien de plumas y de miel.
Álguienes que se fueron quedando,
anidando, apoderando,
haciendo de esos lugares sus rostros,
sus luces, nuestras risas.

Lugares que hoy ya no son míos
y que a veces prefiero evitar.
Lugares que me llenan de voces,
besos, vasos, brazos,
y a veces una lágrima.

Lugares a los que a veces vuelvo
y otras sólo los miro de reojo,
haciendo de cuenta que no me llaman,
que no me gritan,
que no hay ningún rostro,
ninguna voz,
ningún alguien,
ninguna nada.

Haciendo de cuenta,
siempre haciendo de cuenta,
que ahí, entre nosotros,
no pasó nada.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Línea de horizonte

El agua se agita, las olas se elevan y yo me sumerjo en ellas. Me dejo llevar. Tal vez al otro lado exista algo más que desde acá no nos dejan ver. Tal vez allá el viento siga soplando y el sol sea aún más mío. Entonces decido irme; sigo una ola con la mirada, y me siento cómoda sobre ella, me elevo, desciendo y me alejo, de a poco y en vaivenes casi regulares me muevo. Al compás de mi música me alejo, con olor a sal y cabellos despeinados. Me voy hasta el horizonte y me pierdo de vista. Me pierdo allá, al final de todo, en la infinita línea azul que separa los mundos en dos: el cielo y el mar, arriba y abajo. Esa línea que no empieza ni termina en ningún sitio… o empieza en todos lados y termina en donde yo decida. Ahí elijo quedarme. Con mis vientos y mareas, con mi sol y mi azul, acostada y bien estirada, sobre la infinita y deliciosa línea que delimita el horizonte.

jueves, 2 de febrero de 2012

Son aquellas pequeñas cosas

Darnos la mano. Sonreír. Besarnos. Dormir. Mirarnos. Dar la vuelta. Besarnos. Volver a caer. Tocar tu panza. Sonreír. Hacerte el café. Que no digas gracias. Tomar el café. Rozar tu pierna. Besarte. Acumular más tazas en la pileta. Enredarnos en las sábanas. Reír. Mirarnos. Decir. Cortázar. Tu mano en la mía. Galeano. Tu abrazo en mi todo. Los labios. Soñarnos. Decirnos en secreto. Besarnos. Quejarnos. Reírnos. Afuera no existe. Lo demás tampoco. Darnos la mano. Mirarnos. Sonreír. Besarnos. Dormir. Mirarnos. Reír. Reír.

lunes, 2 de enero de 2012

Un par de ojos tristes

Insiste que no, que no es así… pero en sus ojos hay un mundo entero (y hasta tal vez dos o tres). Son ese par de ojos tristes en los que esconde un puñado de sonrisas que le cuesta regalar, pero que yo las sé encontrar escondidas en el borde más claro de su iris. Sonrisas exquisitas, contagiosas, tímidas.

Ojos que dejan sobre la mesita de luz toda su tristeza cada vez que ríen. Ojos que brillan más que el cielo cuando el sol los busca. Se hacen chiquititos con tanta luz, pero se dejan calentar con cada rayito. Ojos tímidos, escondidizos, que a veces suelen aparecerse detrás de algún escudo protector. Ojitos atentos, curiosos, exploradores. De esos que te observan en silencio desde algún rincón en la sombra. De esos que te miran de reojo buscando algo, siempre tratando de descubrir más. Esos que sabés que no se pierden nada, y por suerte es así.

Un par de ojos en los que navegan barcos, de los grandes y de los chiquitos, de los cruceros y de los de papel. Donde la marea sube y baja con la luna, donde prefieren el frío de la noche, y donde se miran las estrellas. Ojos que se cierran lentamente, que vuelven a abrirse libres y que te besan con sus pestañas. Y también te soplan algunas palabras. Te abrazan, te dejan ver el alma, te abren la puerta para que pases, para que te sientas a gusto, para que vos también rías.

Son un par de ojos tristes que a veces gritan hasta quedar sin voz, y otras sólo guiñan en aprobación. Prefieren no decir mucho, pero siempre se les rebalsa algún gesto de ternura. Se entrecierran en complicidad y se agitan cuando hay fiesta bailando junto a ellos. Se llenan de globos de colores, se llueven y se tiñen de arcoíris. Explotan en silencio, abrazan y enseñan a volar.

Son un par de ojos tristes que se aprende a descifrar, que susurran un nombre sin decirlo, que te envuelven y ya no sabés ni podés escapar.