Soy una flor. Soy débil, soy observadora, soy amarilla. Me tambaleo con cada viento, hago fuerza para mantenerme firme, pero nunca es suficiente. Me muevo de aquí para allá, y sólo a veces me animo a dejarme llevar. Me dejo mecer, me permito bailar y de vez en cuando la lluvia me limpia y me sacude la rutina. Pero a veces soy yo la que llueve, sí, a mí también se me da por llorar.
Soy flexible pero quebradiza. Me puedo acomodar sin quejarme, pero basta un tironcito para deshacerme; y ya me deshice un par de veces, pero con cada mañana vuelvo a elevarme, vuelvo a mirar al sol, a perfilarme, a perseguirlo. Hasta que cae la noche y prefiero esconderme. Cuando oscurece observo por un instante la luna y la fijo en cada uno de mis pétalos. Tal vez alguien logre algún día verla en mí, y hasta tal vez enamorarse. Pero la noche me torna más vulnerable. Soy un buen refugio, eso sí. Soy cálida, soy un buen oído, y soy un poco más vistosa cuando hay sol.
Soy suave, soy dulce, soy miedosa. Le temo a los cambios, pero aun los deseo. Le temo a lo que pueda haber del otro lado, a lo que queda lejos, a lo que pueda venir, a lo que va a venir; y le temo a los seres humanos. El invierno también me aterra y estoy segura que el día que muera será uno de los más fríos del año que corra. Correr… correr es algo que quisiera. Y también quisiera saltar, conocer cómo da el sol unos metros más al norte, y tal vez volar. Pero soy una flor. Soy frágil, soy silenciosa, soy pequeñita... y sólo soy una flor.
martes, 20 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
Mil preguntas
Dónde quedaron las ansias,
tu sudor mezclándose con el mío,
los papeles doblados,
las mochilas cargadas,
el suspiro, la explosión,
las palabras desatadas.
Dónde nuestra verdad,
el vuelo, las alas,
el final del arcoíris,
las promesas,
la luz.
Dónde escondimos el tiempo,
la gracia de tus cabellos,
los relojes sin apuro,
la mirada siempre atenta,
el secreto, el refugio,
el amanecer que despierta.
Dónde las sorpresas,
la risa, las ganas,
el saber arriesgarnos,
las cosquillas,
el sueño.
Dónde recupero los pasos,
el dar todo sin esperar vuelto,
las manos llenas de arte,
la voz entonando sin miedo,
el perfume, el día libre,
el hoy me quedo en tu pecho.
Dónde se nos perdió el camino,
la paciencia,
el valor.
Cuándo se nos lastimaron los cuerpos,
los días,
las poesías.
Cómo se nos quebraron las almas,
las fortalezas,
las utopías.
Dónde quedaron los restos,
dónde vos,
dónde yo,
y todo esto.
tu sudor mezclándose con el mío,
los papeles doblados,
las mochilas cargadas,
el suspiro, la explosión,
las palabras desatadas.
Dónde nuestra verdad,
el vuelo, las alas,
el final del arcoíris,
las promesas,
la luz.
Dónde escondimos el tiempo,
la gracia de tus cabellos,
los relojes sin apuro,
la mirada siempre atenta,
el secreto, el refugio,
el amanecer que despierta.
Dónde las sorpresas,
la risa, las ganas,
el saber arriesgarnos,
las cosquillas,
el sueño.
Dónde recupero los pasos,
el dar todo sin esperar vuelto,
las manos llenas de arte,
la voz entonando sin miedo,
el perfume, el día libre,
el hoy me quedo en tu pecho.
Dónde se nos perdió el camino,
la paciencia,
el valor.
Cuándo se nos lastimaron los cuerpos,
los días,
las poesías.
Cómo se nos quebraron las almas,
las fortalezas,
las utopías.
Dónde quedaron los restos,
dónde vos,
dónde yo,
y todo esto.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Billetes que hablan
¿Qué onda con los billetes escritos? Me molesta tanto, pero tanto que la gente escriba los billetes. Cada vez que me llega una de esas frases estúpidas me dan ganas de retorcer a quien las haya escrito. “San Nosequé te traerá suerte y dinero. Copiá esto en 5 billetes.” “Gordita y Chiquito se aman locamente.” “Puto el que lee.” Por Dios!! Basta!! También están los que tienen altos de billetes y luego de sumar 8 mil pesos escriben sobre el último, bien grande, un número 8 y lo rodean con un círculo. Siempre viene otro después que ese billete es el que completa sus 13 mil entonces le escribe encima un 13 con su círculo. ¿Es mucho trabajo escribir el valor en un papelito y guardarlo en la misma bolsa, cajita o gomilla? Por favor, que alguien me diga si esto sucede en otros países también. ¿Ustedes también reciben billetes todos escritos, rotosos, pegados con la cinta adhesiva del color que esté más cerca?
lunes, 5 de septiembre de 2011
Está dentro tuyo
Nada te puedo dar que no exista ya en tu interior.
No te puedo proponer ninguna imagen que no sea tuya...
sólo te estoy ayudando a hacer visible tu propio universo.
Tx: Hermman Hesse, El Lobo Estepario | Ph: google.com | Edición: Valebé
miércoles, 24 de agosto de 2011
Menos mal
Menos mal que hoy no se me dio por extrañarte, porque podría haber sido terrible. Absolutamente nada en mi día iba a ayudar si es que a mi corazoncito se le ocurría tenerte cerca. El frío penetró mis entrañas toda la mañana y no sentí mis manos por varias horas seguidas. Hubiese sido lindo que me prestaras un bolsillo, pero traté de entrar en calor sin pensar mucho en eso. Me aburrí y no hice nada productivo. Traté de escribir (tenía que) pero el único bultito de palabras que surgió parecía escrito por mi hermanito menor. Nada pudo gustarme. El pantalón me apretaba, los pies me dolían, me entraba un chiflete de frío por la botamanga y la bufanda me hacía picar. Menos mal que no llegué al punto de necesito tu calor porque sino muero. El gris sobre las cabezas era bastante amplio y espeso. Supe reír de todas formas. La melancolía no pasó cerca tuyo, y las letras que pude leer no se parecían a nuestra historia. Menos mal. La espalda pidió descanso, pero no pude otorgárselo en ese mismo momento. El cuerpo pidió libertad, pero tampoco pude dársela. Mis oídos desearon tu voz, extrañaron tu buen día, pero pude sobrevivir sin ello. Hoy estuviste más lejos de lo normal y yo más improductiva y lejana, pero el día casi termina y ya puedo ir a acostarme. Espero que mañana puedas volver, puedas regalarme algo, un poquito aunque sea. Pero por hoy… menos mal que no se me dio por extrañarte.
viernes, 19 de agosto de 2011
Otoño de hojas secas (con voz)
Se merece un post nuevo y no sólo las letritas grises que le agregué al original Otoño de hojas secas. Él es Ale, mi querido Ale, el que sigue haciendo florecer sonrisas entre mis labios, el que sigue abrazándome a la distancia. Con cada palabra me abraza, rompe todos los muros y me revuelve el alma. Me la acaricia y me la devuelve más sana.
Sorprendiéndome, él le dio voz a mis palabras. Las hizo bailar en el aire, brillar en el tiempo, lucirse entre perfectos acordes. Narró eso que llevo dentro, lo vivió, lo sintió tal como yo lo siento. Y supo expresarlo. Es una sensación que llena el alma (y el rostro) de sonrisas y de lágrimas. Por sentirme ahí, por escucharme ahí, por verme ahí. Donde sabemos que volvemos a encontrarnos bailando entre renglones que se confunden con pentagramas, colgándonos de la colita de una letra para saltar al borde de una sonrisa. Para seguir. Para sentir. Para vivir.
Me devolviste los abrazos que buscaba y tal vez creí perdidos. Me regalaste esta hermosa caricia, la que el alma anhelaba pero jamás se atrevió a formular. Me supiste alumbrar. Gracias de nuevo Ale.
Acá lo pueden escuchar.
Habrá que ser fuerte
Si así van a ser las cosas, será mejor que me haga fuerte. Y tiene que ser urgente. ¿Cómo es que llegamos hasta acá? ¿Cómo es que ya no puedo hacerme una bolita y refugiarme en tu ombligo? ¿Dónde estás? Yo creí que el juego de las escondidas ya había terminado. ¿O acaso sigue? Alto taco, yo pido tiempo. Quiero cambiar de juego. Tal vez jugar a otro que no canse tanto. Que se puedan hacer cosas de a dos y no que siempre tengamos que ser nuestros propios rivales. Dale, decí que sí. Seguro que vos también te cansaste. ¿Y si nos acostamos a mirar cómo pasan las nubes? ¿O simplemente a observarnos bajo el sol y descubrir las luces y las sombras en nuestros rostros? Es que tengo esta maldita ne-ce-si-dad (con todas sus sílabas) de sentir que me abrazan. Y tus abrazos son siempre los mejores. Pero bueno, si es que se te acabaron, no voy a insistir. No, todavía no soy tan fuerte como para quedarme con eso. Tengo que convencerte de alguna forma, y sino tendré que robártelos. No, va a ser peor. Voy a quedarme entonces quietecita, tal vez me tambalee un poco con la cabeza agachada mientras te grito con los ojos “por favor, abrazame”. Te lo estoy gritando, ¿no te das cuenta? ¿Ya no podés entender mis miradas? ¿Qué nos pasa? Y soy tan débil y tengo tanta necesidad de un abrazo, que caigo en lo que no quería. Te lo pido, te lo pido por favor. Pero no funciona. Y me ahogo en mis propios fantasmas, y me hundo cada vez más profundo. Se me apagan los ojos, se me oscurecen los rincones. Ojalá me importara un poquito menos. Paren el mundo, me quiero bajar*. Ya no sé a dónde pertenezco. Vuelan imágenes sobre nuestros cuerpos. Me recuerdan esos tiempos en que sólo te miraba y ya lo sabías todo. Yo podía entrar de un saltito en tu iris y navegar hasta tu pupila. Hablar en silencio. Ensanchar el pecho. Las despedidas dolían menos. Me dejabas ir con vos, me dejabas traerte conmigo. Con sólo un beso podía amarte. ¿Dónde estamos? ¿Qué se hace ahora? Tiremos un dado y avancemos. Dame la mano sin que te lo pida. Dejame algún papelito en mi cuaderno. Besame el cuello sonriendo. Deslizá un chocolate en mi bolsillo. Abrazame como si fuera la última vez (o la primera). Dibujá un corazón en mi espejo. Decime algo lindo mientras nos abrazamos en la oscuridad. Preguntame algo más. Soñá conmigo. Dejame intentarlo. Dedicame tu sonrisa más grande. Recién entonces tal vez, pueda empezar a hacerme un poquito más fuerte.
* Dicho, en algún momento y en algún lugar, por Mafalda, de Quino.
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